sábado, 25 de octubre de 2008

Juicio a los ratones


Se habrán dado cuenta los lectores de que me gusta contar chascarrillos históricos. He leído en la revista QUO uno acerca de un juicio a los roedores acontecido en la Edad Media.
Siempre me he resistido a considerar como la edad oscura el periodo que va desde 1066 (invasión de Inglaterra por Guillermo el Conquistador) a 1453 (caída de la ciudad bizantina de Costantinopla en menos turcas). En esos años cruciales se fermentó la idea de Europa. No fue un parto limpio ni rápido, pero las cosas no siempre no son tan sencillas. Durante esa época tuvimos una serie de conflictos que no podíamos de ningún modo solventar más tarde.
La gente creía que los animales comprendían el mundo de los humanos y que no solo eso, sino que también asumían su concepto de la legalidad. En el verano de 1487, los aldeanos de la comarca francesa de Autum le suplicaron a su obispo, un tal Jean Rolin, que intercediese ante Dios para poner fin a las tropelías de unos ratones de campo que se estaban comiendo las cosechas de cereales.
El cenutrio del Rolin tuvo la idea de ordenar a los parrocos que salieran por los campos con un bando donde se exhortaba a los roedores a comparecer ante un tribunal. Los ratones desobedecieron, por supuesto. Así que el obispo consideró que los ratones de campo eran herejes.
Se nombró a un jurista defensor llamado Chassaneé para defender su causa. El tipo estuvo vagando por los campos para tratar de convocar a los ratones. Sin éxito. Hubo seis aplazamientos del juicio. Los campesinos llegaron a encerrar a sus gatos porque el bueno de Chassaneé comentó que a lo mejor, si el juicio no se celebraba era porque los ratones tenían miedo de los gatos de las aldeas.
Finalmente el obispo Rolin suspendió el juicio porque un tipo sensato cuyo nombre no consta le comentó que dejase ya de hacer el ridículo.

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