lunes, 3 de noviembre de 2008

Lujorexia


Voy a hablarles de una enfermedad psicológica de lo más rara y extraña: la lujorexia. Consiste en la exhibición enfermiza del poder económico en las cosas más triviales.
Roca parecía esta enfermedad porque se compró una obra de Miró y la colgó del cuarto de baño. Es como decir: Sí. Puedo comprarme un cuadro caro en una subasta pero soy tan poderoso que lo voy a poner justo donde nadie lo va a admirar.
Sharon Stone se lava el pelo con agua mineral que tienen que traer de otro país. La gracia es que el agua sea cara - la del grifo no tiene glamour- y que para que se pueda usar haya que pagar a varios transportistas.
Supongamos que un funcionario aparca el coche en segunda fila y llama delante de sus compañeros casi a gritos a la grúa por el teléfono móvil. Se pasaría varios días diciendo que podía pagar todas las multas del mundo. Se convertiría en el único tipo del mundo al que le gusta pagar multas, porque eso le diferencia de la masa que tiene que seguir la normas porque no tiene suficiente dinero para saltárselas.
Luego tenemos el caso del Pocero, que empezó por construir una urbanización faraónica en medio de un secarral y terminó por abandonarla en manos del ayuntamiento de Seseña porque no vendía los pisos y su demostración de fuerza económica empezaba a pasarle factura.

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