lunes, 15 de diciembre de 2008

Los elefantes de los zoológicos


Cuentan en televisión que no es bueno estar encerrado en un zoológico para la salud. Los elefantes de los recintos suelen tener problemas de sobrepeso y estar más nerviosos. Esto se traduce en un nivel de vida de 40 años menos que el de los elefantes que viven en la sábana africana.

Según las estimaciones de un equipo científico los elefantes del parque de Amboseli en Kenya viven 52 años, en contraste con los 19 que vive un elefante en Cabárceno, parque zoológico de Cantabria. En cuanto a los elefantes asiáticos, los currelas que trabajan talando árboles en sustitución de las grúas en Myammar viven el doble que los de los zoólógicos de Europa. Por cierto, es en este continente donde vive la mitad de los elefantes en cautividad del mundo.

La semana pasada decía que los perros tenían algo muy parecido e identificable a las emociones humanas. Hoy repito esta tesis con los elefantes. A estos enormes prosbocideos les encanta la gente. Se sienten queridos cuando los cachorros humanos van a visitarlos. En el lado negativo, también pueden acosar a un miembro de una manada improvisada en cautividad porque no es lo suficientemente atractiva dentro de los parámetros de los elefantes. Es el caso de una elefanta española que tenía el rostro desigual y las patas demasiado cortas. Al líder de la manada, un elefante entrado en años, se le metió en la cabeza que era una intrusa, o que no era digna de ser considerada una elefanta, y volvió las iras del grupo contra ella. También surgieron en el grupo defensores y amigos para la rechazada. Como en las comunidades humanas.

En un reportaje de National Geographic que leí hace algunos años se narraban las vicisitudes de un centro de recuperación de elefantes asiáticos maltratados. Una de las elefantas llevaba una campanilla al cuello como método de guía para una elefanta ciega. La diversión de ella y sus amigas era acallar la campanilla con la trompa durante pequeñas incursiones y escapadas nocturnas fuera de los vallados. A la ciequecita la guiaban con los colmillos. Son como crías.

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