martes, 8 de junio de 2010

El tango.


Estamos en Buenos Aires, la capital de Argentina, a altas horas de la noche. ¿Por qué hemos salido a horas tan intenpestivas del hotel? Pues para asistir al mayor espectáculo que pueden ofrecernos los barrios obreros de Buenos Aires y Montevideo, en Uruguay. Una milonga de tango.

Sí, locos. Estamos rodeados de parejas de todas las edades que bailan el baile más sensual, nacido en las casas de citas controladas a finales del siglo XIX por grupos organizados judíos. Nos referimos a la Varsovia. Las prostitutas argentinas y uruguayas inventaron este sensual baile, amenizado por la música del bandoneón, una especie de acordeón de origen alemán.

A finales del siglo XIX, los desajustes económicos producidos por las reunificaciones de Alemania e Italia llevaron a un montón de emigrantes al Nuevo Mundo. Muchos recalaron en Buenos Aires, concretamente en el mercado de Abasto. Esta gente destacó por su vitalidad y su ingenio a la hora de maquinar formas de ganarse la vida.
El tango recibe su influencia de las baladas marineras alemanas, el ritmo africano y las orquestas de los cabarets de variedades de París.




En 1890 nace en Francia un niño llamado Charles Gardes, pero su familia pronto emigra a Buenos Aires. Allí, para facilitar una mejor integración de la familia en su nuevo país, se le cambia el nombre por Carlos Gardel. Sus canciones hablan de la nolstalgia de países que apenas sí se recuerdan, de amores que terminan y cuyo recuerdo perdura como algo hermoso, de la fugacidad del hombre...





Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada (...) Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.






Gardel compuso nuevas canciones para los tangos. Se ocupó de sustituir las letras obscenas de los tangos primitivos, compuestas seguramente por los proxenetas judíos de la Varsovia, por otros de mayor sensibilidad.

Los inmigrantes de la clase obrera de Montevideo y Buenos Aires reivindican su figura. Los descendientes de los colonzadores españoles, de uñas bien cuidadas y de piel pálida por la ausencia de trabajo, los llamaban morochos. Así que Gardel fue reivindicado por los recién llegados como el Morocho de Abasto. Rodó como actos varias películas musicales entre 1927 y 1935, año de su muerte en un trágico accidente de aviación.







Me fijo en una pareja de mediana edad. Ella viste medias de rejilla y un vestido bien ceñido. El lleva pajarita y una chaqueta de piel de camello. El hombre roza con su rodilla la cara interna de la rodilla de su esposa. Mientras empuja ligeramente el torso de ella hacia la izquierda, obligándola a dar una vuelta hacia atrás. En cuetro pasos, la esposa vuelve a encararlo. El varón es el centro de gravedad de la señora. Él la aleja y ella, con un elegante giro, vuelve a encararlo. Esta soy yo. Él se aleja y ella lo sigue. No me dejes. él se inclina hacia su mujer, y ella se deja caer hacia atrás. A pesar de su edad, se mantiene flexible como una rama de sauce. Te pertenezco.

Quiero sacar mi cámara digital, pero una compañera ocasional de milonga me dice que no lo haga. A muchos de estos bailes suelen venir parejas clandestinas. Confían en mi discrección.

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