viernes, 23 de julio de 2010

En defensa de la tierra.


Sally Bell tenía 10 años cuando los malvados hombres blancos llegaron al territorio de su tribu, los sinkyone. Mataron a sus padres y abrieron el pecho de su hermanita paqueña para arrancarle el corazón, que no debía interesar mucho a aquellos amantes de las atrocidades porque lo tiraron a los arbustos, justo donde estaba escondida Sally.

El los años 20, un antropólogo se entrevisto con Sally, ya anciana. Esta le habló de las tradiciones de su pueblo. Lo que el antropólogo escribió en su libreta fue: "Es ciega y sufre demencia senil: ve espíritus"

Atrocidades y orgullo estúpido de los caucásicos aparte, los sinkyone vivían junto a la Costa Perdida, a 320 kilómetros al norte de San Francisco, llamada así porque la naturaleza era tan lujuriosa que los colonos españoles no encontraban un puerto seguro para sus galeones. Los sinkyone vaciaban los troncos de las secuoyas para tallar canoas, que adormaban con corazones y pulmones tallados en madera, y se hacían a la mar para capturar leones marinos. Para ellos, los árboles gigantes eran miembros de la comunidad, y el cóndor, un mensajero de las alturas. Todos los años, estos nativos americanos celebraban reuniones para "arreglar el mundo", hasta "que unos hombres malvados e insatisfechos lo destrozaron todo: la orilla del mar, los árboles y las montañas".

Sally Bell es recordada por un bosquecillo de 36 hectáreas plagado con algunas de las secuoyas más antiguas del lugar. Cuando la compañía maderera Georgoa- Pacific quiso talarlas, los miembros de la tribu se ataron a los anchos troncos y exigieron que no se talara nunca más en 2785 hectáreas del Parque Estatal de Vida Salvaje de Sinkyone.

En 1997, el Consejo Intertribal adquirió 1578 hectáreas de terrotorio sinkyone y las convirtió en el primer espacio natural intertribal de los Estados Unidos. "Ya era hora de que nuestro pueblo recuperara la tierra para protegerla- dice la activista Priscilla Hunter- La costa y los bosques de secuoyas son sagrados para las tribus, pues proporcionan alimentos y medicinas a nuestra gente. Las montañas son un lugar ceremonial donde sentimos el gran poder de la Madre Tierra. Las viejas secuoyas tienen un gran poder espiritual para nosotros".

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