viernes, 8 de octubre de 2010

Gran Cañón.


Voy a proponerles un viaje a las legendarias tierras del Oeste de los Estados Unidos. Para llegar a los desfiladeros de arenisca y las maravillas geológicas entre Arizona y Utah deben viajar hasta los aeropuertos de Phoenix o Las Vegas. Desde estas ciudades hay conexiones en tren y vuelos locales hasta las localidades del Cañón. La opción más lógica es alquilar un todoterreno o una caravana para trasladarse por las carreteras rurales.

Lo primero que visitaremos es el Bryce Canyon, 250 kilómetros al oeste de Las Vegas. Este anfiteatro debe su nombre a Ebenezer Bryce, un mormón que llegó hasta esos parajes huyendo de la persecución religiosa del siglo XIX. Para proveerse de madera, Bryce abrió una pista que terminaba ante el cañón, que en 1928 sería declarado parque nacional.

Su verdadera singularidas son los hodoos, esas montañas erosionadas, restos de una meseta antigua. Es lo que más se suele asociar a las películas del Oeste. Una excursión a Queen,s Gardens le permitirá verlos de cerca. Algunos tienen nombre de cuento mitológico como el Martillo de Thor, el Templo de Osiris o el Jardín de la Reina.

Dejamos Utah para cruzar a Arizona. Si seguimos la Ruta 89 hacia el sur, y nos desviamos a la altura de la localidad de Cameron, nos encontraremos en el Gran Cañón del Colorado. Esta brecha, como una herida cuya sangre es el río Colorado mide 446 kilómetros de longitud y hasta 1829 metros de profundidad, y entre 16 y 29 kilómetros de ancho.

Fue declarada parque nacional en 1919 y la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad en 1979.

Los indios havasupai, hualapai y paiute ya hacía siglos que moraban en las paderes del cañón. En 1540, un grupo de conquistadores españoles dirigidos por García López de Cárdenas llegó siguiendo los rumores acerca de las siete ciudades de Cíbola. En 1776, Francisco Tomás Garcés descubrió el lugar durante un trayecto entre las misiones de Santa Fe y los ángeles. Llamó Colorado al artífice de tanta maravilla geológica debido al color de los sedimentos.

Seguimos la carretera 40 hacia el sudeste a lo largo de 330 kilómetros. Llegamos al Petrified Forest National Park, el único parque que cruza la celebérrima Ruta 66, narrada por el escritor John Steinbeck en su novela sobre la Gran Depresión "LAS UVAS DE LA IRA", de 1939.

Este lugar en tiempos prehistóricos - hablamos del Mesozoico- fue una lujuriosa selva frecuentada por los dinosaurios. Por esta razón, la madera de los árboles caídos se convirtió en sílice y, posteriormente, se cristalizó. Ya en tiempos históricos, los nativos americanos creyeron que los troncos de los árboles petrificados eran las flechas de Shinuav, el dios de los truenos, o restos del monstruo gigante Yietso.

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