jueves, 6 de diciembre de 2012

El culto al Santo Niño de Cebú.

Algún lugar de Africa Austral. 15 elefantes de todas las edades se pudren al sol. Los cuerpos están destrozados a machetazos para poder extraer los colmillos. Un guardia del parque vestido con shorts se me acerca y me dice: Aquí se ha utilizado armamento militar. ¿Quén podría hacerle algo así a una de las criaturas más nobles de este continente?

Filipinas: Un sacerdote - del que no cito el nombre para que él no me boicotee la página- va a celebrar una de las ceremonias religiosas católicas más controvertidas: la Adoración al Santo Niño de Cebú. Esta es una imagen del Niño Jesús de márfil, copia de otra que los españoles trajeron a Cebú. Va vestido como un principito. Los monaguillos le van quitando la corona, las botitas, y las capas de ropa ricamente bordada del Niño. Cuando la figura de márfil está completamente desnuda se cubre con un paño y se sumerge en varios toneles de agua, que de este modo, queda bendecida. Este ceremonial también recibe el nombre de Hubo en lengua cebuana.
El sacerdote me dice que los mejores objetos de culto son los de márfil. Todo el mundo en Filipinas quiere su reproducción del Niño de Cebú, lo más parecida posible a la original. No vale el márfil sintético. Y tiene que ser nuevo. Lo compran las familias de clase media y los coleccionistas ricos de imágenes religiosas.
-Si yo compro una imagen del Niño Jesús así seguro que me la decomisan en la aduana.- digo al avispado sacerdote.
-No hay problema. Compre una serie de Niños de Cebú de resina y mézclelos con el de márfil. Si le pillan, hágase el tonto.
-Cubra la figura religiosa con ropa sucia que huela mal.- me sugiere otro informante.
Uno de los sacerdotes e intermediarios me dice que el Vaticano no ha aprobado el convenio CITES de protección de la fauna salvaje y que el Papa, Benedicto XVI, ha bendecido imágenes del Niño de Cebú y aceptó un incensario de márfil como regalo de un presidente africano.

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