domingo, 20 de enero de 2013

La cara oscura del Tour de Francia.

El periodista se arrellana en la butaca y le pregunta al famoso ciclista si toma suspancias dopantes. Él no solo afirma tomarlas sino que asegura que es la única manera de ganar la carrera, de tener una posibilidad. Ni la periodista es Oprah Winfrey ni estamos hablando del escándalo en que se ha visto envuelto Lance Armstrong. (Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos). Estoy hablando de Jacques Anquetil, tres veces campeón. O de Fausto Coppi, el corredor italiano que tan buenos momentos de mentira proporcionó a los franceses de la época de la ocupación y de la posguerra.
Desgranges, el fundador de la carrera, decía que su ideal de una carrera ciclista emocionante era una en la que un 20 por ciento de los participantes no llegase a la última meta a causa de los abandonos. Y lo consiguió. Sí a eso sumamos un montón de corredores desesperados por ganar los premios económicos en una época en que el dinero no es fácil de conseguir ni siquiera con un empleo fijo, tenemos el caldo de cultivo perfecto para toda clase de escándalos.
Chinchetas en la pista, matones para amedrentar a los rivales, polvos pica pica en los culottes, señales de indicación cambiadas, tinteros derramados a drede en los libros de ruta para que no se pueda verificar quién ha tomado atajos...
Tras la primera edición del Tour, 12 de los 26 finalistas fueron descalificados por hacer trampa. El ganador lo fue por tomar un tren en plena carrera. No se supo el resultado de la carrera hasta cuatro meses después. Desgranges amenazó con suspender la carrera para siempre. Las sanciones fueron desde una suspensión de 6 años hasta una de por vida.
Después de la Segunda Guerra Mundial los médicos descubrieron que las anfetaminas mantenían alerta y agresivos a los soldados. Los ciclista de la posguerra europea también tomaron nota de ello, hasta el punto que Anquetil dijo a la prensa en los años 50 que sólo un iluso patético podría esperar  ganar el Tour de Francia sin tomarlas.
En el caso actual de Lance Armstrong se utilizaron métodos perjudiciales para la salud de los ciclistas como el uso de sangre congelada y EPO. También se utilizaron métodos mafiosos para controlar y acallar a todos los que dijeran que algo se salía de lo normal. A una masajista que vio demasiado la acallaron haciendo correr el rumor de que era "Una prostituta con problemas con el alcohol".

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