sábado, 9 de febrero de 2013

Los meakambut.

Papúa Nueva Guinea es un territorio del tamaño de Suecia, con una prodigiosa riqueza cultural, ya que sólo aquí personas que hace apenas un siglo estaban viviendo en pleno Neolítico o en pleno Paleolítico Superior hablan unas 800 lenguas.
Creer en una Papua habitada por primitivos guerreros enfrascados en cazas de cabezas (la última documentada tuvo lugar en 1957) o con el rostro pintado y un hueso atravesando sus narices es como poner el telediario y esperar que los indios del Oeste Americano aparezcan en él cortando cabelleras. La aculturación ha sido muy fuerte y un guerrero del río Sepik con la cara pintada probablemente cobre en dólares por la foto.
Los meakambout son uno de los últimos pueblos de cazadores que vivien en medio de una cultura rupestre. Las mujeres cultivan plantas y las recolectan cuando su grupo vuelve a pasar por allí. El clima húmedo y lluvioso del río Sépik hace que los makambut se oculten en cuevas que adornan con negativos de manos y donde rinden culto a sus ancestros.
Sus enemigos tradicionales, los caníbales, los cazadores de cabezas o los ladrones de mujeres han sido sustituídos por las enfermedades. Los etnógrafos están documentando las cuevas de los cuatro grupos que quedan para delimitar su territorio y mantener alejado de él a los mineros y las empresas madereras.

CÓMO LEGÓ EL MAL AL MUNDO SEGÚN LOS MEAKAMBOUT.

Api, el espíritu de la selva llegó al río Sepik y le encontró lleno de sabrosos peces y grandes árboles de sagú. Pero no había personas. Abrió una grieta en la cueva y salieron miembros de los tres clanes que habitan el territorio: los awim, los imboin y los meakambout. Se dispersaron por el mundo, tan rico en comida y nuevas sensaciones sin que hubiera odio ni guerra entre ellos.
Hombres y mujeres vivían en cuevas separadas. Los hombres meakambout se reunían todas las noches para orar y cantar, pero una noche uno de ellos se fingió enfermo y copuló con una de las mujeres.
Cuando las muestras del embarazo fueron evidentes uno de los hombres sintió celos. Otro, odio. Un tercero, ira. El cuarto estaba triste. Y de esta manera el pecado original - o algo parecido- llegó a este idílico mundo.

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