sábado, 23 de marzo de 2013

Exploradores de National Geographic en China.


 Actores de la ópera de Pekín (Adios a mi concubina, Zhang Yimou)

Pasamos al lado de muchos soldados muertos. A veces solo quedaba de ellos el tronco: les habían cortado la cabeza y amputado las manos y los pies. También encontramos a muchos hombres moribundos, que tarde o temprano se unían a sus compañeros muertos en el camino (...) Sabrá de mí cuando salga del país de Ngolok. Si no tienes noticias de mí, entonces puede que haya encontrado un lugar donde descansar en esa tierra.

JOSEPH ROCK, "Aventuras de un geógrafo solitario"
Septiembre de 1925. 








El periodo de entreguerras es el reino de toda una generación de personas que descubren el mundo a través de otros. Ellos no pueden viajar porque resulta caro, pero National Geographic les proporcionaba cada mes su ración de nómadas de Asia Central, salvajes semidesnudos de Filipinas y héroes de la aviación. El asunto de la etnografía como modo de evasión funcionó hasta que todo el mundo fue accesible por la televisión, los turistas se convirtieron en mochileros y ya no se habló de descubrir si no de preservar.

National Geographic dedicó más de un centenar de artículos al extremo Oriente durante ese periodo. Todavía resultaba un lugar exótico con sus lamaserías, sus guerras civiles muy locales y sus reinos prohíbidos. Luego llegó el momento en que los norteamericanos tuvieron que luchar en suelo chino contra los japoneses, y toda una generación de jóvenes pudo ver - por obligacion- esos lugares. Y ya no fue lo mismo.
Joseph Rock era un botánico y etnógrafo austriaco. Se aventuró por las provincias de Yunnan y de Sichuan. Tras la rebelión de los bóxer y la destitución de Pu Yi, el último emperador, el país estaba al borde de la guerra civil. En la provincia de Gansu, tanto chinos como tibetanos cometieron tamañas atrocidades, que Rock escribió sus artículos, hizo sus preguntas, y recogió sus especímenes en compañía de un revólver.
Era uno de esos viajeros que nunca se adaptan al país que visitan. Vestía ropas occidentales en lugares donde no era recomendable llamar la atención, escuchaba óperas alemanas en un gramófono y enviaba cartas a la sede de National Geographic quejándose.
Otro reportero intrépido era Owen Lattimore. Este era más avanzado como etnógrafo. Recorrió el extremo oriental de la Ruta de la Seda vestido con ropas chinas. Se afeitó la cabeza y se dejó coleta como un natural de la zona que no se había enterado de la destitución de la Dinastía Qing, y comía los extraños alimentos de las estaciones de caravanas sin poner cara de:"Qué asco. ¿Cómo pueden comer esto?"

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