sábado, 20 de abril de 2013

Algunas curiosidades sobre la pena de muerte.

Parece que veremos el día en que nadie muera por haber sido sorprendido cometiendo un delito, por no gustarle a las autoridades y demás causas de pena capital. En 2013, según el último recuento de Amnistía Internacional, de un total de 195 países - según recuentos de National Geographic Society- solo 21 mataban a sus presos como un castigo esporádico.
Japón abole y restablece la pena de muerte, según les vaya en las encuestas al partido gobernante. Imagínense con qué congoja miran las noticias los internos del corredor de la muerte.
Estados Unidos cree en los castigos severos. Es de esos países a los que le cuesta menos construir penitenciarías, y formar abogados penalistas, que invertir en programas de reinserción. De hecho, Estados Unidos abolió la pena de muerte por espacio de algunos meses y fue uno de los presos del corredor de la muerte el que orquestó una campaña para que se le ejecutase, según lo acordado. (!)
Aunque nunca se matase a nadie, las condiciones en el corredor de la muerte ya son un castigo atroz. Los presos solo pueden tener un máximo de tres libros y una televisión, por la cual solo se ven los informativos. Pasan el día durmiendo, viendo los informativos a toda pastilla, de forma que los oyen ellos, los de las celdas contiguas y los funcionarios de prisiones.
Personas que no han recibido atención psiquiátrica por no poder pagarla, la reciben. De repente a personas cuyo destino es morir con una inyección de bromuro de pancuromio se les hacen constantes chequeos médicos. ¿No es una ironía cruel?
Quiero traer aquí el recuerdo de Carla Faye Tucker, la Asesina del Picahielo. Se casó con el capellán de la prisión, hizo contricción, era en el momento de su ejecución totalmente recuperable para la sociedad, merced a atenciones y recursos con los que no contaba antes del crimen, y aún así fue ejecutada.
China mantiene en secreto las cifras reales de ejecutados por disidencia o por crimenes sangrientos. Se habla de menos de 700 miertes al año aunque lo más seguro es que rocen los varios millares. Las asociaciones de derechos humanos ya no utilizan las cifras del gobierno de Bijing, sino que habla con las asociaciones de atención a los reclusos del interior del país.
Seamos francos. Los criminales nos dan miedo. Nada rompe más nuestra falsa sensación de que el mundo es un lugar seguro y predecible que un señor con una pistola - o peor aún, un cuchillo de cocina encontrado entre nuestros propios cubiertos- y una capucha. Lo hemos enviado a Australia. En el siglo XIX los ahorcábamos por un simple robo de paraguas. Y el miedo no nos abandona. Asi que reconozcamos de una vez por todas que esa inseguridad existe, y que no podemos hacer mucho contra ella, y a lo mejor salvamos algo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario