sábado, 27 de julio de 2013

A vueltas con la ablación.

Hay dos tipos de sociedades: las individualistas y las colectivistas. Las individualistas están dinamizadas por la competencia entre los individuos. En las colectivistas priman la tradición, los intereses del clan y de la tribu. En una sociedad individualista, uno debe encontrar su camino. En una sociedad colectivista, su rol está marcado de antemano, casi desde el momento del nacimiento, y los cambios están marcados por rituales de iniciación.
La ablación puede ser uno de estos pasos. Las mujeres son la clave de la supervivencia del grupo a través de su fuerza sexual, una fuerza salvaje y casi descontrolada, algo temible para los hombres. La ablación hace que los incentivos para mantener relaciones sexuales fuera del consentimiento del clan desaparezcan, por lo que las tensiones se rebajan.
La mutilación genital femenina consiste en extirpar sin anestesia y con medios rudimentarios el clítirix (en África lo llaman kintir). El resultado es que las relaciones sexuales, incluso las consentidas por el clan, son dolorosas o una gimnasia incomprensible. Los peligros del parto se disparan, y muchas más mujeres tienen quistes o infecciones.
Algunos países están utilizando la política del palo y la zanahoria para erradicar esta costumbre. Por un lado programas educativos, y por otros sanciones y estancias en las prisiones. Todo se entiende en un marco de violencia de género e infantil. Burkina Faso ha conseguido con esta política una disminución de la mutilación genital femenina. Senegal, con la misma doctrina, ha fracasado. Es muy difícil saber cómo reaccionara una cultura colectivista ante las novedades que contradicen su cultura.

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