sábado, 26 de octubre de 2013

Las arañas.

Seamos sinceros: nos dan repelús. Las vemos en sus telarañas, acechando a los insectos incautos y pensamos que son malas, que nos van a hacer daño. Nada más lejos de la realidad.
Las migalas o tarántulas son esas arañas peludas que acechan a los pájaros y los lagartos en la selva tropical. Su picadura apenas nos dolerá más que un picotazo de abeja. Y las consecuencias no pasarán de ahí. Una migala es el mayor tipo de araña existente hoy en día, con sus 25 cm de diámetro con las patas estiradas.
Las viudas negras son unos arácnidos de Norteamérica que sí pueden matar a niños pequeños, ancianos y personas enfermas como defensa propia. Su picadura causa una alarmante disnea. Son más pequeñas. ¿Sabían que hay viudas en Europa y España? Pican pero no hay ningún registro de nadie que haya muerto a consecuencia de la experiencia en el continente europeo.
Todos nos imaginamos a las arañas acechando en sus telas. Pero los modos de cazar de los arácnidos son muy variados. Los hay que cavan túneles para enterrarse y preparan trampillas para comer lo que tenga la mala dicha de acercarse demasiado y tener el tamaño adecuado. Algunas arañas subacuáticas preparan campanas de aire donde arrastran a los insectos que se acercan demasiado al agua para comerselos a salvo de sus depredadores.
Las arañas nos salvan de miles de millones de insectos que se comen nuestros suministros de comida y transmiten enfermedades. Así que propongo que las saludemos cuando veamos sus telarañas en nuestros jardines y las consideremos nuestras amigas de ocho patas.

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