miércoles, 27 de noviembre de 2013

CSI:a la caza de los envenenadores.

Rosario y Alfonso se creían muy listos. Adoptaron una niña china para conseguir más status en su comunidad de clase alta. Se divorciaron y la niña, a los 11 años de edad, ya tenía abundantes reparos a los planes posteriores de sus progenitores adoptivos. Así que la envenenaron con barbitúricos y la axfisiaron con una almohada.
Matar es fácil. Tratar con el cadáver es más difícil, y ahora la siniestra pareja se encuentra en la prisión de Texeiro. Todos sus planes de una reconciliación y una nueva vida en común quedan aplazados sine die.
Un éxito más del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. Esta institución procesa al año unas 18.000 muestras en buscas de pruebas para realizar peritajes judiciales.
Si una persona ha muerto envenenada se toman muestras de sangre, orina, contenidos gástricos y muestras de pulmón, hígado y riñones, pero en ocasiones hay que recurrir al humor vítreo, que se encuentra tras la córnea, o a los cabellos, donde se va acumulando el tóxico.
Las rencillas familiares son un rosario de intentos de envenenar al prójimo. Si las autoridades de un centro sanitario tienen sospechas avisan al Centro de Toxicología y Ciencias Forenses. Éste envía unos agentes formados que toman muestras de los alimentos. Se ha encontrado vino con lejía, alimentos con insecticida, zumo con amoniaco e incluso un paté con semillas de ricino. Éstas últimas causan hemorragia intestinal, diarrea, vómitos, deshidratación e hipotensión. Diez días de dolorosa agonía. No suelen ser más.
Y es que hay qente, que aparte de estar muy mál de la cabeza, se creen a salvo de todo.

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