sábado, 23 de noviembre de 2013

¿Por qué no volvemos a la Luna de una puñetera vez?

Es duro reconocerlo. Las misiones Apolo se aprobaron porque se trataba de un despliegue propagándistico del poder de la tecnología estadounidense para intimidar a los soviéticos. Los contribuyentes americanos se gastaron en su proyecto espacial 25.000 millones de dólares de la época. 220.000 millones al cambio actual. El presupuesto para el presente año ha sido de 17.000 millones actuales.
Los descubrimientos científicos realizados mientras Wherner Von Braun diseñaba naves espaciales, escudos térmicos y daba conferencias sobre combustibles para cohetes fueron asombrosos pero no aportaron aplicaciones técnicas e industriales que animase a los inversores privados a financiar aventuras científicas. Cuando los militares cortaron los fondos, se acabó el interés por la Luna y empezó el interés por los vuelos suborbitales de la lanzadera espacial.
Ahora se han descubierto valiosas materias primas como tantalio o el raro gas Helio-3 y las potencias lamentan haber firmado alegremente el Tratado Internacional del Espacio Exterior de 1961 por lo que quedan prohíbidas las reclamaciones territoriales sobre la Luna o cualquier otro cuerpo terrestre. Lo que no tenemos es una tecnología rentable para poder empezar a explotar comercialmente el espacio.
 Irán ya ha lanzado su primer satélite artificial en 2009 y se ha propuesto poner hombres sobre nuestro satélite en 2025. Lo mismo que China.
Google por su parte, más práctica y menos ambiciosa, aspira por las ambiciones de las empresas privadas y ha organizado un premio para la empresa que lance su propio cohete y tranmita imágenes desde la Luna. El concuso quedará cerrado en 2015. Supongo que lo declararán desierto, aunque quien sabe.

Nota: Me está dando por ponerme a pensar en el problema de la basura espacial con tanta aventura estelar, y la verdad, me ha entrado un escalofrío.

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