lunes, 10 de febrero de 2014

Los samburu.

Cada año en el territorio de los samburus, una etnia vecina de los famosos masais, un clan levanta una aldea ceremonial para celebrar a lo largo de una semana, el paso medio de un guerrero hasta el rango de anciano. Un samburu empieza su vida como guerrero a los 14 años con su circuncisión. Pero no es adulto hasta siete años más tarde. Entre los 21 y 35 años es un guerrero soltero. A los 35 alcanza el grado de anciano y ya puede casarse y participar en el gobierno de su comunidad.
El territorio samburu ocupa 210.000 kilómetros cuadrados a norte de Kenia. No hay luces artificiales. El ganado pasta junto a antílopes y cebras. Los pastores samburu lo guardan con lanzas y bastones. Si hay problemas graves con el ganado pueden pedir ayuda con un teléfono móvil, la única concesión a la modernidad de todo el territorio.
Los samburu eligen durante el rito de paso intermedio un presidente del grupo de edad. Su atributo es la cola de una res que ha matado con sus propias manos y cuya sangre haya bebido. Todos los hombres sacrifican una res de este modo. Las mujeres no pueden presenciar este rito, aunque encienden los fuegos sagrados donde se cocina la carne.
Durante el día, mujeres y hombres celebran los ritos o hacen preparativos por separado. Ni siquiera comen las mismas partes de las reses.
Por las noches se reunen para bailar juntos. Hay imágenes en las redes sociales tomadas por los propios samburus sobre esta parte de la fiesta. Los saltos atléticos son una parte del baile, que indica la capacidad del hombre como guerrero y guía de su pueblo, así como de protector de la cultura y las tradiciones. Internet ha llegado a este apartado rincón de África.
Los samburus son muy cuidadosos, pese a esto, acerca de qué extraños fotografían sus rituales, porque temen la banalización de su cultura, algo que ha sucedido con los masais. "Utilizan imágenes de masais tanto para promocionar safaris como moda. Nosotros no vamos a dejar que nos conviertan en una postal", me dice un guerrero.

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