lunes, 9 de junio de 2014

Por no distinguir la realidad de la ficción.

Lo bueno de Internet es que hay de todo. Lo malo, asimismo, es que hay de todo y no todas las sesiones son legítimas.
Dos niñas de 12 años se metían asiduamente en una página de relatos de terror, Kreepirama, o algo así. Allí había relatos de terror protagonizados por Slender Man, un demonio sin rostro y ocasionalmente con tentáculos. Las niñas se aficionaron a estos relatos, que leían sin supervisión paterna, y decidieron que el bueno de Slender Man era un personaje tan real como el ministro Montoro. Así que decidieron regalarle una sierva para poder obtener sus dones.
Las dos niñas organizaron una fiesta de pijamas y luego llevaron a su compañera de estudios al bosque con la idea de jugar al escondite. Resultado: 18 puñaladas, ninguna mortal, porque hubo suerte y ningún valor para dar la puñalada decisiva en el cuello. Una condena a más de 60 años de cárcel tras ser juzgadas como adultas. Ya no tendrán que trabajar. No llegarán a adultas porque el sistema carcelario jamás las dejará emanciparse. ¿Qué les costaba a los padres comprobar lo que leían en Internet sus hijas?
Desde aquí hago una advertencia a los padres: las páginas de relatos de terror y temas esotéricos son perjudiciales para sus hijos. Son tan malas como las de pornografía contra las que sí los padres responsables ponen cortafuegos en los ordenadores.

El monstruito DE FICCIÓN causante del alboroto:

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