lunes, 6 de octubre de 2014

Un texto humorístico de Ängel Sanchidrián.

Los chistes en ciertos ambientes como los del porno o los congresos de ginecólogos sobre las consecuencias de imitar lo que se ve en ciertas películas o leído en ciertos libros, sin saber a ciencia cierta lo que se hace ni para qué, son un clásico. Como no son chascarrillos populares aquí traigo uno que un conocido mío ha encontrado en la Red acerca de jugar a ser una dóminatrix tras leer "50 SOMBRAS DE GREY".

"Salgo de musicoterapia y voy a tomar algo con las amigas. Con todas menos con Reme, que le ha dado la ciática en la conga y se ha marchado a casa. Vamos a un sitio nuevo que conoce Virtudes que por dos euros te ponen una caña y un pincho así de grande, que con un par ya has cenado.
Allí la Marce nos cuenta que se está leyendo el libro ese de darse azotes. Por lo visto es de un señor rico que coge a una chica jovencita y en vez de darle besos y hacerse arrumacos la toma por una piñata y la escaralla. Claro que a ella le debe gustar porque vuelve a por más, como la gata Flora, que si se la metes grita y si se la sacas llora.
El caso es que de camino a casa no dejo de darle vueltas al tema y me sorprendo a mí misma pensando en hacer algo parecido con Manolo, que es lo que tengo disponible. No es que a mí me guste que en la cama me traten como a una yegua, pero a lo mejor así resucitamos nuestra vida sexual, que lleva muerta desde que empezó a tener más tetas que yo.
Llego a casa y me doy una ducha de las esmeradas, poniendo especial énfasis en frotar el peluche y aledaños, que quede apetitoso. Luego voy al salón en ropa interior, apoyo una mano en el marco de la puerta y le digo a la cosa esa que hay despatarrada en el sofá que me acompañe a la habitación.
Él no entiende nada pero obedece, por no discutir y porque el tema pinta retozón, que no acostumbra. Así que se pone en marcha y cuando pasa junto a mí le suelto un manotazo en el culo y un "que te como, pirata". Crece su extrañeza.
-Luisa, ¿has bebido?
-Calle, señor Bermudez, y tira que te voy a dar la paga.- Le doy otro azote mientras avanzo detrás de él.
Manolo en estas cuestiones muy exquisito no se pone. Cuando cruzo el pasillo y le doy alcance, el ya está con los calzones por los tobillos diciendo "rápido que empieza el Pasapalabra". Pero no le hago caso. Hoy no va a ser el "aquí te pillo, aquí te mancillo" de siempre.
Le digo que se tumbe boca abajo y pienso. Necesito un látigo, que es muy erótico, que me lo ha dicho la Marce, uno con hebilla de rodeo. Así, en bragas y con un antifaz de cotillón, le arrero un latigazo en la espalda. Manolo se caga en mis bisabuelos, en mi gazpacho y en el ministro de Hacienda.
Hay que pensar otra cosa porque la dominación con látigos no da resultados. Manolo sigue retorciéndose intentando que la mano le alcance la zona en la que le he atizado para aliviarse el escozor. Así que ahora me tumbo yo en la cama y le pido que me dé azotitos. A la segunda hostia que me suelta en el culo con la manaza abierta, que la tiene como una peineta de berenjenas, estoy empotrada contra el cabecero de forja toledana. Así tampoco.
-Te voy a estimular el punto G.- le digo con sensualidad, pasándome la lengua por los labios. Quizás haya exagerado u poquito el matiz sexy y haya parecido una vaca bebiendo, pero bueno, ya está hecho.
-Eso.- dice él. Bájate a los columpios que tengo la mazorca a punto de hacer palomitas.
Para mí que este no se ha enterado muy bien de lo que le voy a hacer. Me humedezco un dedo con saliva y le pongo la banderilla. Manolo clava las uñas en la cama, aprieta los dientes y su voz se vuelve aguda. Su cara ahora mismo es como dos huevos fritos con labios.
-!Hija de puta!
Saco el dedo de prisa. Ya no sé ni por qué sombra voy, ero a la cincuenta a mí me da que no llegamos. Voy a pasar al erotismo verbal. Esto no puede fallar porque lo he visto en un montón de películas españolas y siempre funciona.
-Manolo, dime cosas feas.
-Guarra.
-Eso es.
-Putita
-Así, sigue, dime más.
-Cotilla, histérica, eres como tu madre, todo el día tocando los cojones...
-Pero qué hablas, borracho.
-Yo a esa señora no la quiero más aquí en Nochebuena.
-Mira, Manolo, mi madre vendrá a esta casa cuando ella quiera. No empecemos otra vez con lo mismo, te lo pido por favor.
-Bueno, pero hay mandanga o no hay mandanga.
-Ya por no oirte, hijo mío.
-Venga; ponte boca arriba, a ver si me da tiempo de ver el rosco, que casi hay un millón de bote.
-¿ya estás dentro?
-Qué hija de puta eres.

ÁNGEL SANCHIDRIÁN.
"sinopsis de cine".

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