domingo, 13 de septiembre de 2015

Los refugiados y el día de la marmota.

Empezó con una serie demasiado grave de malas cosechas y una migración de pueblos bárbaros hacia el Oeste. Pero en el Oeste estaba el limes, la frontera insalvable con el Imperio Romano. Durante un cierto tiempo los bárbaros aprendieron que si querían sobrevivir por un tiempo no permanente en el Imperio Romano tenían que servir en las legiones, haciendo las cosas para la que los centuriones no querían entrenar a sus hombres.
Comerciaban con el lado civilizado del limes, pero no se llevaron la técnica para producir lo que necesitaban al otro lado. Y en 378, unos godos bien adiestrados derrotaban a las legiones en Adrianópolis.
La situación es cíclica. Un mundo se despierta, no se sabe bien por qué y canibaliza a otro más desarrollado. No por maldad, sino porque en este mundo hasta los logros más importantes mueren y son olvidados, para que los redescubran otros.
Muchos godos no accedieron al mundo romano, pero lo adaptaron a sus necesidades. Lo barbarizaron. Durante un tiempo manejar una azada fue más importante que saber leer. La fragmentación del poder y el feudalismo nos libraron de nuevas invasiones.
Los refugiados nos caen bien ahora porque son relativamente pocos, son frecuentemente maltratados y aún no compiten con nosotros. Pero vendrán más. Ambos mundos chocarán. Son más jóvenes, son más duros y saben que bajo el trapecio no hay red.
Occidente ha dominado y levantado la voz durante siglos sobre la de otros pueblos que ni siquiera sabían que tenían voz. Les hemos impuesto nuestras revoluciones y nuestros modos. Pero nos hamos vuelto autoindulgentes, complacientes, nos creemos por encima de los ciclos históricos. Del mismo modo, los romanos creían que se era un ciudadano romano, o no se era nada.
Dado que es seguro que ninguno de nuestros soldados va a luchar contra el Estado Islámico, porque asumir las pérdidas sería un previsible suicidio político, tendremos que asumir que nuestra mano va a dejar de escribir la Historia, que otros tendrán que aprender las viejas lecciones, hacer sus propias revoluciones, ganarse sus derechos civiles...

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