sábado, 2 de enero de 2016

Entrevistamos a un bombero paracaidista del Servicio Forestal de Los Estados Unidos.

A nadie con dos dedos de frente se le ocurriría la idea de saltar en paracaídas en las proximidades de un incendio forestal. Pero para Jason Ramos es la actividad de todos los veranos. Ha escrito un libro en Estados Unidos llamado "BOMBERO PARACAIDISTA: MEMORIAS DE UNO DE LOS MÁS SELECTOS CUERPOS AEROTRANSPOSTADOS DE LUCHA CONTRA EL FUEGO".

Dinos, Jason; ¿Qué cualidades deben tener los bomberos de tu cuerpo?

En la Base de Winthrop, Washington, nos da igual de donde vengas, si eres alto o no levantas dos palmos del suelo, si eres universitario o dejaste los estudios pronto, si eres hombre o mujer o si eres blanco, negro o asiático.
Lo que nos importa es la actitud. Ese decirse cada mañana, cuando no sabes si lucharás contra un incendio forestal o rescatarás a alguien: Voy a darlo todo.

Dijiste que hay mujeres trabajando en esto.

Oh, sí. Pero son pocas. En Winthrop tenemos solo una, y nunca pensamos que esté ahí por cuestiones de género.
Esta no es una ocupación estable, ni siquiera es una profesión. Hay muchos militares que hacen algo mientras esperan un nuevo destino o deciden reengancharse. Otros son profesores de instituto o maestros.

Dices que tu base tiene mucha historia.

En 1939 esta fue la primera base donde se entrenaban durante seis semanas los primeros bomberos paracaidistas del país. También fue el primer servicio público en integrar en igualdad de condiciones a negros y blancos. ¿Ha oído hablar de los Triple Nickels?

En mi vida.

Pues agárrese que voy allá. Durante la Segunda Guerra Mundial los paracaidistas eran muy valiosos para el ejército, sobre todo si eran blancos, por lo de la segregación. Muchas de las nueve bases de bomberos aerotransportados quedaron abiertas y fueron los Triple Nickels,bomberos paracaidistas negros que no fueron movilizados los que las ocuparon.
Además de los rescates en montaña y la lucha contra los incendios forestales tenían la misión de desactivar los globos de aire caliente cargados de bombas incendiarias de los japoneses. Lo hicieron muy bien. Solo una mujer murió por pensar que era una buena idea dejar que sus hijos pequeños jugasen cerca de uno. Los demás fueron desmantelados.

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