miércoles, 17 de febrero de 2016

El Síndrome de Estocolmo.

Sale a la venta el Ford Mustang facilitado por la Policía al hombre que atracó en 1973 un banco en la capital sueca y que dio nombre al Síndrome de Estocolmo.

En 1973, el Ford Mustang era una delos deportivos más rápidos del mercado. Esta es la razón por la que el atracador y secuestrador Jan Erik Olson rechazón un Volvo ofrecido por la Policía para que pudiera darse a la fuga, y exigió un Mustang, mucho más potente. El atraco pasó a la historia por la relación que se estableció entre el secuestrador y sus cuatro rehenes, todas ellas mujeres: la forma en que protegieron e hicieron suyas las razones del hombre que las había retenido fueron el primer caso documentado de Síndrome de Estocolmo.
Olsen entró el 23 de agosto de 1973 en una sucursal del Kreditbanken del centro de Estocolmo con el propósito de llevarse todo el dinero que hubiera en la caja fuerte. Disfrutaba de unos días de libertad condicional, que se pusieron en cuestión cuando una de las emleadas pulsó el botón de alarma. Los policías no tardaron en tomar posiciones alrededor del banco. Acorralado, Olsen tomó a cuatro empleadas como rehenes y se atrincheró con las ellas durante seis días. El secuestro tuvo una amplia repercusión mediática y en las negociaciones llegó a intervenir el primer ministro sueco, Olof Palme.
Las primeras conversaciones entre Olson y los negociadores incluían el traslado a la sucursal y la excarcelación de un compañero de galería, Clark Oloffson. Los dos preson pidieron a continuación tres millones de coronas suecas, chalecos antibalas, revólveres cargados y un coche para huir. Es entonces cuando se negaron a aceptar el Volvo y exigieron el Ford Mustang.
Finalmente, los secuestradores fueron reducidos mediante gases lacrimógenos y sus cuatro prisioneras eran liberadas sanas y salvas. Las mujeres habían mostrado durante la experiencia extrema una actitud de solidaridad y comprensión hacia sus captores que habían llamado la atención de las autoridades policiales suecas. Cuand se celebro el juicio, se mostraron reticentes a declarar contra ellos. Afirmaron que una incursión de la Policía les atemorizaba más que cualquier cosa que pudiera pasar por la cabeza de sus dos captores. El psicólogo forense Nils Bejarot, muy activo en los centros penitecinarios suecos, bautizó este paradoja como Síndrome de Etocolmo.
El nuevo término se popularizó cuando la nieta del magnate de los medios de comunicación Hearst, Patricia, fue secuestrada por la organización terrorista Ejército Simbionés de Liberación, y se sintiese tan identificada con unos captores que nunca se mostraban antipáticos con ella que les ayudase a cometer un atraco, como su ella también fuera miembro de la organización.
Según el psicólogo forense Bejarot, en un secuestro con rehenes, el perpetrador y el retenido comparten el objetivo de salir del lugar sanos y salvos. Los rehenes hacen lo que el captor espera de ellos porue son los únicos que tienen control contra cualquier tipo de violencia que se ejerza a partir del momento en que aparecen por la puerta. Todo deriva en una identificacion y justificación de las razones del delito y de un sentmiento de agradecimiento ante las atenciones más nímias. Renunciar a inquietar o hacer daño es considerado una atención.

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