jueves, 14 de julio de 2016

Aparece un "niño salvaje" en Vietnam.

Ignoraba lo que es una bombilla, nunca había visto la televisión y ni siquiera sabía qué aspecto tenía una mujer desnuda. Ho van Lang es un vietnamita de unos 45 años que ha permanecido toda su vida apartado de la cvilización. Su padre era un soldado del Vietcong, que huyó con él a la selva cuando era un bebé de poco más de un año, después de haber perdido a su mujer y a dos de sus hijos tras el bombardeo del hogar familiar en 1972. Pasaron los siguientes 41 años rehuyendo a los humanos y alimentándose de lo que proporcionaba la naturaleza. En 2013 fueron rescatados y desde entonces Lang intenta vivir en la comunidad de los hombres civilizados.
El 7 de agosto de 2013 las agencias de prensa internacionales daban cuenta de la aparición de dos personas, un padre y su hijo, que habían permanecido más de cuatro décadas sin contacto con el resto de las personas, en los bosques de Vietnam. El padre, un octogenario, no tuvo fuerzas para escapar de las personas que les cercaban, y el hijo decidió quedrse junto a él por lealtad filial.
Los dos "robinsones" del siglo XX fueron trasladados a la aldea de Ho Van Tri, donde vive el hermano menor de Lang. El Gobierno ha tenido en cuenta que el padre es un antiguo soldado para construirle una casa en la población. El padre apenas sale de ella, ya que tiene problemas de movilidad y apenas habla. El hijo, Ho Van Lang, se comunica con su hermano en un dialecto local - apenas habla vietnamita - y le ayuda con las tareas de la granja.
Alvaro Cerezo, un aventurero español, atraído por todo lo que tiene que ver con las técnicas de supervivencia, le pidió a Lang que le enseñase sus trucos para vivir en el bosque lluvioso del Sudeste Asiático. Lang aceptó, y allí se fue Cerezo con la ayuda de un intérprete.
"Mi padre me transmitió una profunda desconfianza ante todo lo que tuviera que ver con las personas, aunque jamás me explicó por qué. Permanecimos en las mismas montañas durante 41 años. Al principio vivíamos en el bosque bajo donde había mucha comida y agua. Pero vinieron más granjeros y tuvimos que subir y alejarnos más. Comíamos monos, murciélagos, ratas, serpientes... Hacíamos fuego con piedras y construíamos nuestras ropas con fibras vegetales. Nunca nos pusimos enfermos", explica Lang.
"La mente de Lang asemeja a la de un niño de un año: imita muecas, cree en los fantasmas y está convencido de que la Luna es una construcción colocada en el Cielo por las personas", explica Cerezo. "Una vez vio a una niña de tres años correteando desnuda por los alrededores de su casa y le preguntó, con total inocencia a su hermano, si se había cortado los genitales con algo. No sabe lo que es la sexualidad. Le fascina todo lo relacionado con la electricidad, desde la luz de las bombillas, hasta la televisión. Y le maravillan que los animales domésticos convivan con el hombre sin tratar de huir".

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