miércoles, 7 de septiembre de 2016

Armenia.

Armenia y su milenaria cultura se abren al turismo. Su abrupta geografía está plagada de monasterios que se remontan al siglo III.

Cuando llegaron durante el siglo XIV a Armenia las tropas de Tamerlán, un señor de la guerra uzbeco, esperaban apoderarse de los tesoros escondidos en las criptas de los monasterios del país. No encontraron oro, joyas ni plata. Solo encontraron viejos pergaminos e incunables. Tamerlán estaba furioso, así que decidió quemar ese botín que no le permitía conquistar todavía más territorios.
¿Cuántas joyas de la filosofía, la historia, la literatura, la religión y la ciencia fueron pasto de las llamas? A saber. Pero una visita al Matenadarán, el Instituto Mashtóts de investigación sobre los manuscritos antiguos, nos permite hacernos una idea del expolio de estos guerreros tan sanguinarios e iconoclastas. En el Matenaradán - biblioteca, en armenio antigo- descansan de su sueño de siglos 17.000 manuscritos y 300.000 documentos.
El Matenadarán también constituye un homenaja a la labor del monje, teólogo y lingüista Mesrop Mashtóts, que vivió entrelos siglos IV y V. Fue el creador del alfabeto armenio, que combina las funciones de letras y números. Ese alfabeto se convirtió en la piedra angular en la que se apoyaron las autoridades eclesiásticas y las élites políticas, y contribuyó a crear la identidad nacional armenia.
Comprimido entre Irán, Turquía y Rusia, todas las grandes potencias regionales se han expresado en este país. Los árabes, los otomanos y los rusos han dejado su huella. El monte Ararat está en suelo turco, por ejemplo, pero las expediciones para tratar de encontrar el Arca de Noé cuentan con guías armenios.
Los monasterios son muy austeros, sin imaginería, propios de un cristianismo apostólico primitivo, pero están presentes en todo el país.
A principios del siglo III, el monje Gregorio el Iluminador fue arrojado a un pozo por orden del monarca Tiridates III. Dice la leyenda que Dios castigó al rey con una enfermedad que le iba convirtiendo en cerdo. Su hermana recibió un mensaje divino: había que liberar al monje y permitirle predicar en Armenia. Sin embargo, debía estar muerto. Dios se equivocaba. Nadie sobrevivía al empozamiento. Pero los soldados encontraron milagrosamente vivo a Gregorio el Iluminador y le encargaron bautizar al rey. En 301 Armenia se convirtió en el primer país del mundo en aceptar el cristianismo, algún tiempo antes que el Concilio de Nicea lo convirtiera en la religión oficial romana.
Sobre el pozo en el que estuvo Gregorio se levantó la iglesia de Khor Virap. Hoy es posible descender al legendario pozo por una precaria escalera.

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