miércoles, 28 de septiembre de 2016

El fascinante mundo de los microbios.

Un oso de agua o tardigrado.
Desde los guantes antibacterianos hasta los champús fungicidas, la sociedad occidental está obsesionada por los gérmenes. El escritor y bloguero Ed Young ha escrito un libro acerca de todo lo que estos diminutos seres hacen por nosotros.. Esos seres regulan nuestro sistema inmunitario, proporcionan una importante protección a los bebés lactantes, y si los integramos en nuestra arquitactura biológica, pueden crear para nosotros unos hábitats humanos más sanos donde vivir.

Muchos confunden micróbios con gérmenes patógenos, los microorganismos que causan enfermedades. Pero sin los microbios, sencillamente,no existiríamos. ¿Qué hacen por nosotros esas asombrosas criaturas?

Muchas cosas. Nos ayudan a digerir los alimetos, entrenan nuestro sistema inmunitario, y nos protegen de las enfermedades. Las luciernagas producen luz con la ayuda de las bacterias.
Están en la Tierra desde millones de años antes que cualquier otro animal, y son la base de lo que los microorganismos multicelulares hemos llegado a ser.

Háblanos del estudio del microbioma casero.

Lo realizó un tipo llamado Jack Gilbert, que estuvo estudiando los microbiomas, no solo en nuestros hogares, sino también en hospitales, acuarios y otros espaciós públicos. Nuestros propios cuerpos son un hábitat para estos seres. Estamos intercambiando continuamente fauna microscópica de un cuerpo a otro.

Afirmas en tu libro que es muy diferente para el bebé nacer por la vagina que a consecuencia de una cesarea.¿Por qué?

Por el asunto de los microbiomas. Si el niño nace por el canal del parto adquiere parte de los microbios de la madre. Si lo hace por cesarea, muchos de estos gérmenes provendran de los guantes higiénicos de los ginecólogos y las comadronas. Hay mucha diferencia, ¿verdad?

El primer hombre que estudió los microbios fue un holandésdel siglo XVII. Háblanos de Antony van Leuwenhoek.

Leuwenhoek no era científico. Solo era un vendedor de paños de Delft. Con la ayuda de lentes construyó un microscopio rudimentario y observó el agua de las fuentes de la cuidad. Fue de esa manera que los ojos humanos pudieron ver por primera vez un protozoo. También pidió ayuda a otras personas para examinar el sarro de los dientes. Él no estaba preocupado por esos seres sino fascinado por ellos.

Nota: Esta entrevista ha sido adaptada. 

Para leer:
 I contain multitudes: The Microbes within us and a grander view of life.
Ed Young.

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