jueves, 15 de septiembre de 2016

Gavin Francis, explorador del cuerpo humano.

Gavin Francis es un explorador de la anatomía humana, autor del libro "Aventuras en el cuerpo humano: un gran viaje desde el cráneo hasta el calcáneo". Simon Worrall le ha entrevistado y yo he adaptado esta entrevista para vosotros.

Abres tu libro con las palabras: "de niño no quería ser médico; quería ser geógrafo". ¿Encuentras todavía paralelismos entre estas dos profesiones?

Mi amor por la anatomía se inició cando alguien me regaló un atlas del cuerpo humano. Encontré maravillosas similitudes con los atlas geográficos en términos de simplificación de un mundo complejo.

Como joven médico, participaste en una expedición a la Antártida. Háblanos de ella.

Fuí el médico de una de las más remotas bases británicas, llamada Halley. Pasé allí 14 meses. Como entrenamiento aprendí todo lo que debe saber un técnico de ratos X, un fisioterapeuta y un oftalmólogo.
Llegué a la Antártida en un carguero. La Base Halley permanecía aislada diez meses al año, por lo que nadie nuevo podía llegar o marcharse. Tuve que pasar por un duro adiestramiento para ocupar el puesto de médico porque tenía que ser autosuficiente con muy pocos medios, y sabía que no podría evacuar a nadie durante los meses invernales.

Escribiste que los rostros de los Apóstoles de la última Cena de Leonardo Da Vinci son el último grito en el estudio de los músculos del rostro.

Leonardo Da Vinci era un anatomista maravilloso y lo demostró con este fresco. Él no muestra una escena de los discípulos de Jesús cenando apaciblemente, ignorantes de lo que se avecina. Los muestra en el momento en que Jesús les dice: "Uno de vosotros me traicionará". Se ve toda una amplia gama de expresiones variadas, desde la incredulidad, al miedo o a la furia.
San Andrés, por ejemplo, está triste y tiene miedo. Juan,por el contrario, está muy furioso y cierra los puños, como si quisiera golpear la mesa para desahogarse.

Algunos científicos han revolucionado la cirugía con experimentos de baja tecnología. Háblanos de John Epley y sus experimentos sobre el vértigo.

John Epley era un otorrinolaringólogo que destacó en los años sesenta por sus novedosos implantes cocleares.
 En los ochenta contradijo a sus colegas sobre el remedio para curar los vértigos, entendidos como inadaptación incapacitante a las alturas. Los otros otorrinos cortaban un nervio, lo cual causaba numerosos efectos secundarios. Epley decía que el vértigo era causado por una fisura en los canales auditivos, así que construyó una maqueta de estos órganos y se dedicó a desarrollar una operación sencilla que retirase los cuerpos extraños que causaban problemas.

El cirujano francés Pierre Barbet hizo un macabro experimento para demostrar que toda la imaginería religiosa sobre la crucifixión era incorrecta. ¿Qué es lo que no funciona en esos cuadros y esas esculturas?

Pierre Barbet era un cirujano traumatólogo de 1930. Era neozelandés. Un cristiano muy ferviente. Estaba obsesionado con el hecho de si los romanos habían clavado a Cristo de las manos o no, así que crucificó algunos cadáveres donados. Llegó a la conclusión de que el peso hacía que el cuerpo no se sostuviera de unos simples clavos atados en las palmas de las manos.
Los arqueógos especializados en Historia Bíblica han demostrado que los condenados a la cruz eran atados a esta por las muñecas con cuerdas. No se usaban clavos.

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