viernes, 7 de octubre de 2016

2043. La distopía de la digitalización. Todo para el hombre para sin el hombre.

Mediados del siglo XXI. Tienes un dolor en el costado punzante y no sabes si es apendicitis o no. Cuando llegas a Urgencias te encuentras con un médico con 30 años de experiencia. Te examina y dice que las pruebas tardarán un tiempo y que tienes que esperar hasta que un coche sin conductor te lleve al Hospital.
"En realidad podemos hacer las cosas más rápido", te confiesa el doctor. "Aquí tengo un joven experto en gestión de archivos informáticos que tiene los informes médicos de los últimos 60 años. Podemos dar instrucciones a los cirujanos una vez que está en el Hospital".
Eso significa que el médico tendrá que prejubilarse y su puesto será ocupado por el operario del ordenador, que sabe de informatica pero que no ha estado presente en una disección en su vida. El conductor de la ambulancia y el personal que tramita las consultas también serán superfluos y se irán al paro.
Si tenemos una querella por unas propiedades o una denuncia contra la Administración, el abogado no será una persona sino una terminal de ordenador que no cobra, no se va de vacaciones, nunca enferma ni hace huelga, por malas que sean las condiciones laborales. De hecho, no es un cuento de ciencia ficción. El ordenador Ross, una aplicación judicial, ya ha ganado varios casos en los tribunales en 2016.
Ser cartero es también una profesión del pasado puesto que son los drones los que reparten el correo. Los vehículos sin conductor sustituyen a taxistas y camioneros.
En la enseñanza todavía trabajan personas, tanto en los colegios de Primaria como en los institutos o la Universidad. Los trabajadores sociales están en auge porque hay un montón de gente ociosa porque ha perdido sus empleos y no pueden permitirse las facilidades que ofrecen las máquinas.
Una solución es llegar a un nuevo contrato social, donde el Estado adjudique un sueldo base a todas las personas, estén enclavadas en el tejido productivo o no. Pero este es un mundo donde hay gente que no sabe administrar el dinero como ya vimos en la burbuja económica de 2008. Otra solución sería grabar la posesión de ordenadores y la adquisición de patentes, pero eso sería un golpe mortal contra la investigación científica y las oficinas de patentes.
Otra solución es comprar acciones de empresas tecnológicas, especular con ellas, y ahorrar los beneficios antes de que los puestos de trabajo empezaran a desaparecer. Pero esa crearía una élite feudal y oligárquica con conocimientos informáticos que dominaría a las masas, ociosas por obligación, y sin acceso a las universidades.
Sería el fin de la sociedad de consumo, porque ya no hay dinero - desaparecido del mundo físico- ni en qué gastarlo. Además sería el final de la sociedad de bienestar. ¿De verdad pensamos en esto cuando admitimos un nuevo gadget electrónico en nuestro entorno?

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