domingo, 16 de octubre de 2016

Amor animal. Estrategias de cortejo.

El pingüino emperador había pasado meses en el mar, comiendo, descansando y sorteando a las focas leopardo. Pero ahora una extraña pulsión le incitaba a regresar a tierra, en las costas de la Antártida, para buscar pareja.
Un viaje a pie a través de 110 kilómetros de hielo lo condujo a una planicie donde las hembras ya estaban esperando a los machos. Cuando estuvo lo suficientemente cerca empezó a emitir sonidos y a balancear la cola con rítmicos y extravagantes movimientos. De inmediato una docena de hembras respondieron a su reclamo. Las descartó una tras otra. No. Sería con la adecuada o con ninguna. Cuando por fin se emparejó con la hembra apetecida, supo que era un ganador, porque lo del cortejo no tendría que hacerlo nunca más en la vida. Su hembra pariría los polluelos año tras año en medio de una relación monógama.
Los monógamos en la naturaleza son escasos. Los pastores etíopes dicen que los dik-dik, los antílopes más pequeños del mundo, se emparejan de por vida, y que si uno de los conyugues muere el otro deja de comer. Para siempre y hasta la última y definitiva consecuencia. También son monógamos los chacales, los caballitos de mar, los buitres, los gibones, los albatros y las nutrias. De los pingüinos no se qué decir, porque los genetistas han demostrado que el 20 por ciento de los polluelos tienen un ADN  distinto del de sus progenitores machos.
Los leones forman clanes donde un macho dominante se gana los favores sexuales de las hembras con la fuerza bruta. Si quiere aparearse un macho aspirante debe vencer al macho alfa, para que las hembras estén dispuestas. Aunque lo que más frecuentemente encontramos entre los leones son coaliciones de machos con responsabilidades diferentes, que colaboran y se reproducen de forma coordinada.
Los albatros viajeros se reunen cada pocos años en la costa de Georgia del Sur, donde tienen que realizar una danza muy elaborada para convencer a la hembra. El premio merece la pena porque la unión es vitalicia.
El pergolero australiano es un ave del tamaño de un mirlo. Recolectan objetos de colores y los disponen en montones en una glorieta para atraer a las hembras, muy críticas con todos estos preparativos.
Los chimpancés suelen cortejar a las hembras maduras y experimentadas, mientras que las comadrejas y las nutrias prefieren cortejar "jovencitas".
Las jirafas matienen relaciones homosexuales entre machos aunque no desdeñan enfrentamientos incruentos a base de golpes de cuello por las hembras. No hay lesbianas entre las hembras. Curioso.

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