domingo, 26 de febrero de 2017

Leonard Hayflick y las vacunas.

Tengo en mis manos el libro LA CARRERA DE LA VACUNACIÓN: CIENCIA, POLÍTICA Y EL COSTE HUMANO DE DEFENDERSE DE LAS ENFERMEDADES, de Mederith Wadman. Simon Worrall la ha entrevistado con motivo de unas polémicas declaraciones de Donald Trump.

El presidente Trump se ha reunido con Robert Kennedy Jr, uno de los detractores más furibundos de las vacunas. ¿De qué se habló en esta reunión?

Robert Kennedy se reunió con el presidente y dos de sus consejeros en la Torre Trump. La reunión duró una hora. Cuando terminó Kennedy dio una rueda de prensa anunciando que iba a crear un comité de seguridad y ética en la aplicación de las vacunaciones. Un par de horas después, un portavoz de Trump dijo que era en realidad un comité para la lucha contra el autismo.
Siento simpatía por los padres que sufren esa lacra, pero las vacunas no tienen nada que ver. El autismo lo sufren tanto los niños vacunados como los que no lo están. Pero supongo que, en medio de la desesperación y el amor, la gente quiere alguien o algo a lo que culpar. Es comprensible y humano. Pero no científico.

De otra lacra social como el aborto salió algo bueno. Háblanos de la Señorita X y de la línea célular WI 38.

En 1962, en Suecia, la Señorita X decidió que su marido era un irresponsable con la salud de ella. Tenía demasiados hijos y su marido había insistido dejarla embarazada una vez más. Así que decidió abortar durante el cuarto mes de gestación. El feto fue diseccionado por el biólogo Sven Gard para conseguir una línea celular para crear vacunas segura. Hasta ahora se obtenían de  los monos, y los vacunados habían cogido algunas zoónosis de estos simios.
En los Estados Unidos un biólogo llamado Leonard Hayflick trabajaba en el Wistar Institute, y también estaba interesado en la misma idea. Él obtenía los fetos de las madres solteras de Hospital de la Universidad de Pennsylvania. Quería crear una línea celular, un grupo de células aureplicantes, para crear vacunas en un ambiente sano y seguro. Hasta ahora se usaban las líneas celulares de Salk, contaminadas con virus de simio.
Hayflick creó 800 viales cos estas células a los que llamó WI-38 - abreviatura del Wistar Institute- en 1962. Cada vial contenía dos millones de célular que se autoreplicaban 40 o 50 veces, pero sin superar el llamado límite de Hayflick, tras el que no solo no se reproducen sino que mueren.

Habla un poco más de eso.

Es la contribución de Hayflick a la biología. El Límite de Hayflick supuso el fin de la creencia de que las células sanas eran inmortales. Solo lo eran algunas de las células tumorales.
Cuatro meses más tarde firmó un contrato de patente con el Instituto Nacional de  Salud del Gobierno estadounidense. Según este contrato, en 1968 la propietaria de la patente de la línea celular WI-38 pasaría a ser el Estado.
En 1963 había un total de 375 viales. 10 se los quedaría Hillary Koprowski, la supervisora de Hayflick, otros 10 se los qiedaría el propio Hayflick, y el resto serían del Estado. Pero cuando Hayflick encontró otro trabajo en el otro extremo del país, lo recorrió con todos los viales en un refrigerador de nitrógeno líquido y dos de sus hijos en la parte de atrás del sedán familiar.
El NIH demandó a Hayflick. El biólogo y gerontólogo tuvo que luchar contra uno de los abogados de propiedad intelectual estrellas del momento, Bill Fenwick, que más tarde representaría al programador informático Steve Jobs. Hayflick se resignó a perder la vista judicial pero la comunidad biológica lo convirtió en un martir al que se le robaba el fruto de su trabajo.

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