miércoles, 22 de febrero de 2017

¿Merendábamos más sano en 1980 que nuestros hijos en 2017?

Los niños que estudiaron EGB merendaban bombas calóricas como pan con nata y azúcar, mantequilla,chorizo... ¿Eran más sanos aquellos bocadillos que las meriendas de ahora? Varios expertos responden.

Isabel Gonzalez, jefa de endocrinología pediátrica del Hospital La Paz de Madrid, tiene 54 años. Se acuerda de aquellos bocadillos del tamaño de un submarino lleno de mantequilla con azúcar o de salchichón, obviamente. Le tocó merendarlos en los setenta y ochenta. Pero eran unas vidas las de esos niños más activas que las de nuestros hijos. Tras merendar hacíamos los deberes o íbamos a la calle donde se jugaban unos partidos de futbol impresionantes, o se quemaban las calorías de más trepando por los columpios. Los niños se socializaban en la calle. Ahora la calle es un siniestro lugar de paso para los niños incluso en las horas diurnas. Parece que los únicos que se encuentran bien en la calle son los coches.
Los niños de 2017 meriendan rápido: zumos envasados, pan de molde, bollería industrial... Todo ello a solas y sin perder un minoto para poder ver lo que sucede con Peppa Pig, que hace más ejercicio que ellos. El 35 por ciento hacen dos horas de extraescolares de gimnasia, pero, como dicen todos los expertos sus padres se movían y socializaban más.
Un niño de 8 años debe consumir entre 500 y 600 calorías diarias. La merienda debe aportar el 15 o el 20 por ciento de ese combustible. Deben tomar lácteos a diario porque están creciendo; dos o tres piezas de fruta a la semana, que les aportan minerales, hidratos de carbono y vitaminas; unos ocho vasos de agua diarios; cereales.... Además la comida debe ser atractiva para el niño porque debe aprender que alimentarse correctamente no es un suplicio, sino que puede ser divertido, me explica Ana María López del Departamento de Nutrición y Bromatología de la Universidad Complutense de Madrid.
¿Y si al niño le apetece un bollo industrial o una palmera? "Bueno; un solo día no hace daño, pero no como costumbre. Pasa lo mismo que con el tabaco. Todo el mundo sabe que es perjudicial, pero no por eso se ha prohíbido... También se puede decir lo mismo de las bebidas azucaradas, esas bombas de azúcar...", explica Ana María López.

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