domingo, 19 de marzo de 2017

La trivialización del autismo.

Parece ser que en los ambientes de Silicon Valley y de la Universidad de Cambridge se ha puesto de moda decir que uno es un poco autista para justificar el éxito con una capa de falsa modestia. Lo cierto es que es un error auto adjudicarse una enfermedad mental como el Síndrome de Asperger. Yo soy Asperger a todas horas, no cuando algo me sale bien. Y no lo disfruto siempre.
Hace una década el profesor Simon Baron- Cohen publicó en la revista Wires su test AQ, que trataba de luchar contra el estigma del autismo diciendo que todas las personas podían desarrollar esos rasgos en un momento u otro.
En 2017 la idea está muriendo de éxito, ya que la gente ve el Síndrome de Asperger como una ventaja, como una forma de reivindicar espacio propio en los ambientes empresariales. Hoy, en Silicón Valley es de lo más normal quedarse a dormir en un saco de dormir en el despacho y ponerse a trabajar a las tres de la madrugada. El problema es que muchos Asperger no son Zuckerberg ni van a destacar en algo que les reporte beneficios nunca. Como yo.
El Síndrome de Asperger es una variante del autismo de alto rendimiento. No entiendo como los padres llamasn a los psiquiátricos solicitando que sus hijos hagan el test AQ para que "desarrollen todo su potencial".
"El otro día llamó la secretaria de un empresario diciendo que su jefe quería hacer el test. Colgué el teléfono. Si el tipo ha conseguido tener una secretaria, es que no es Asperger", dice Rosalind Bergmann, directora de Asperger Leaders, y Asperger ella misma.
La doctora Judith Gould asegura: "Los Asperger tienen problemas para relacionarse con normalidad y gestionar sus emociones. Por ejemplo; muchos tienen mido de que sus parejas los dejen si descubren su enfermedad. Si alguien empieza a comportarse de una forma extravagante y su mujer descubre que no es autista lo dejará incluso antes. Porque nada podrá disculpar las disfuncionalidades del esposo o del novio".

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