domingo, 9 de abril de 2017

Christopher Knigth, el ermitaño de North Pond.

En 1986, Christopher Knigh dejó su casa de Massachussets donde vivía con su familia de clase media baja. La familia se ganaba la vida con la reparación de motores de automóvil y pequeñas chapuzas de fontanería. La familia leía por las tardes obras de Shakespeare. Una noche, Christopher se fue de casa, condujo hasta Maine, y se internó en los bosques de North Pond. La familia no denunció su desaparición. Su ethos es que si un chico cumplía la mayoría de edad y deseaba irse y no dar señales de vida, entonces no se podía hacer nada, salvo rezar por él.
Se instaló en un campamento abandonado, levantado con nociones sacadas de laspublicaciones de National Geographic. Si necesitaba algo que el bosque no le podía proporcionar, lo robaba de las cabañas cercanas. Cuando lo detuvieron finalmente, solo las gafas que llevaba puestas eran suyas. Lo demás como los anzuelos, la ropa o los cazos había sido robado.
De hecho, no necesitó hablar con nadie en el espacio de casi 30 años, hasta su detención por el guardia forestal Terry Hughes. Este estaba harto de denuncias de allanamientos de cabañas de pesca o de caza, y decidió capturar al mítico Ermitaño de North Pond. Lo consiguió.
Me he entrevistado con Michael Finkel, autor de EL EXTRAÑO EN EL BOSQUE. LA EXTRAORDINARIA HISTORIA DEL ÚLTIMO ERMITAÑO AUTÉNTICO. "Hay dos tipos de ermitaños: los que están en la naturaleza por motivos espirituales, como Buda, Mahoma o Jesús. Pero Knigth no encaja en esta categoría porque no es especialmente religioso.
Luego están los que se retiran de la sociedad civilizada o del contacto con sus semejantes por motivos científicos o artísticos. En esta categoría destacaban Newton, David Thoreau o Miguel Ángel. Tampoco encaja Christopher en esta categoría dado que no ha tomado una sola fotografía ni ha creado nada. Sólo se ha limitado a vivir fuera de la sociedad.
Hemos entrevistado a Cristoper Knigth en su celda y nos ha dicho: David Thoreau es un aprendiz al lado mío. El solo estuvo en su cabaña de Walden Pond dos años y escribió sobre ello para autoafirmarse. Yo me he pasado 27 años en medio de la naturaleza. Además Thoreau tenía gente que le llevaba el correo a la cabaña y le lavaba la ropa sucia. Tampoco es mi caso".
"Cuando puse las cámaras de vigilancia, ya estaba preparado para odiar a ese tipo a causa de los allanamientos de cabañas de pesca y los robos¨, confieda Terry Hughes. "Cuando lo conocí, cambié de perspectiva. Knigth me mostró cómo vivía y cómo se las ingeniaba para sacar provecho del bosque. Yo dejaba un rastro que parecía el de un oso grizzly y el se movía por las trochas y los senderos en el más completo silencio, como los montaraces de las novelas de Tolkien. Además me dió por pensar que robaba esas cosas para usarlas, que nunca robó nada que no necesitase o pudiera conseguir en la naturaleza, y que jamás le hizo daño físico a nadie".

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