lunes, 3 de abril de 2017

Desde La India hasta Europa en bicicleta.

Pradyumma Kumar "PK" Mahanandia nació como intocable -  como ellos mismos se autodenominan, dalit- en una remota aldea en la India oriental, en la región que inspiró a Rudyard Kipling EL LIBRO DE LA SELVA. Como miembro de una de las castas más bajas de La India, se suponía que no podría escapar de una vida de pobreza y discriminación. Pero un encuentro fortuito con una saludable mujer sueca y un viaje a través de dos continentes para estar con ella, marcarían la diferencia.
La aventura de Kumar es narrada por Per J. Andersson en su libro LA SORPRENDENTE HISTORIA DEL HOMBRE QUE CIRCULÓ EN BICICLETA DESDE LA INDIA A EUROPA POR AMOR. Puede que esta hazaña se convierta en una película de Hollywood protagonizada por Dev Patel.
National Geographic se ha puesto en contacto con Mahanandia para que nos cuente como era viajar por la ruta de los hippies en los años 70.

Cuando naciste, el astrólogo del pueblo te hizo una profecía. Dínos qué les dijo a tus padres.

Según mi pasaporte nací el 5 de diciembre de 1951, es decir dos años después de que La India se independizara de los británicos en 1949. En el mundo rural del que yo vengo es frecuente que los padres consulten con astrólogos u hombres santos el destino de sus hijos recien nacidos. De acuerdo con la profecía yo no tendría un matrimonio como el resto de los niños de mi generación. Mi mujer nacería bajo el signo de Tauro, sería la propietaria de un bosque, y tocaría la flauta. Yo creí fuertemente en este vaticinio y ahora sé que todo está planificado en esta vida.

Me ha dicho un pajarito que Rudyard Kipling vivió cerca de tu aldea y que EL LIBRO DE LA SELVA está inspirado en muchos de vuestros cuentos tradicionales. ¿Creciste como Mowgli?

Lo pronunciamos Mongoli, pero los británicos dicen Mowgly. Es un nombre que no te encontrarás en los arrabales de Bombay o Delhi pero es muy común en mi grupo tribal. Mi padre me contó que un sahib llamado Valentine Ball visitó mi pueblo hacia 1880 y escribió un libro sobre la vida de los animales de La India, que inspiró a Rudyard Kipling.
La aldea en que crecí está en Orissa central y ahora se llama Angul. Posee la primera selva administrada por los ingleses durante el Raj. Mi pueblo está situado junto al río Mahanadi, así que crecí entre el río y las montañas.

Mowgly tambien era un intocable, ¿verdad? Háblanos un poco del sistema de castas.

El sistema de castas no es más que la racionalización del racismo. Cuando era pequeño, entre mi gente, no me daba cuenta, pero cuando fui al colegio con niños hinduístas, vi que no tenía derecho a tener las mismas aspiraciones que ellos. Naces en una casta y en ella mueres.

Los dalit, como tú suelen ser maltratados por la gente de las castas más altas. ¿Puedes hablar de esas experiencias y cómo te enfrentaste al acoso cuando te convertiste en profesor en Suecia?

El acoso a los dalits estaba ampliamente aceptado bajo los maharajás. Paro después de la Independencia supuse que la ley nos protegería. Pero no lo hace. A veces echaba de menos a los británicos. Actualmente, la gente está volviendo a las viejas actitudes, el racismo de siempre. No nos odian pero la educación religiosa que reciben casi les fuerza a ser malos con nosotros.
Cuando era profesor en Suecia tenía un alumno que siempre etaba abusando de los más débiles. Un día me hartó y le grité en hindi: Arrodíllate. No es que me entendiera pero la expresión de mi mirada, el fuego de mis ojos, le hizo obedecer. No volvimos a tener problemas con él.

Después de irte del pueblo, te convertiste en un artista callejero en Delhi. Te hiciste amigo de personascomo Valentina Tereshkova y la Primera Ministra Indira Ghandi.

Pintaba retratos. Asistí a las clases del Collegue of Art, fundado por los británicos en 1942.
Dormía en la estación de tren, y pintaba mis retratos en la calle. Era como un vagabundo, entre el desprecio y la esperanza.
Valentina Tereshkova fue invitada a La India por Indira Gandhi. Se interesaron por mis retratos. Valentina Tereshkova me invitó al Club Parlamentario por la Sociedad Indo-Soviética para hacer retratos de ella. Hice 10 retratos y aparecí en TV. Me hice famoso, de la noche a la mañana, en Delhi.

Como artista callejero, te encontraste con tu futura esposa, Charlotte Von Schedvin. Describe vuestro primer encuentro.

Fue el 17 de diciembre de 1975, por la tarde. Estaba haciendo mis retratos cuando se me acercó esa preciosa chica, con esa larga melena rubia y esos ojazos azules. Me preguntó si quería retratarla. Yo le hice el primero de tres retratos, y ella insistió en pagarme con 20 rupias, cuando el precio normal es de 10. "No: yo solo cobro el doble a los hombres feos", le dije.
Y Charlotte resultó ser la chica de la profecía. Mientras la dibujaba, charlábamos. Tenía su propio bosque, tocaba la flauta y venía de Europa. Yo le comenté lo de la profecía y le dije, medio en broma, medio en serio: "Algún día me casaré contigo".

Cuentános, Charlotte, tu parte de esta historia.

Quería visitar La India desde niña. Cuando tenía 11 años, tenía un profesor que nos mostró unos videos en blanco y negro sobre India, como TOOMAY, EL DE LOS ELEFANTES, con Sabú. Mas tarde visité Londres y me encontré con gente con una cultura india. Fui a un concierto en el Albert Hall con George Harrison y Ravi Shankar. También he asistido a unas danzas tribales en Orissa, el estado de PK
Durante un viaje a la India vi a a PK haciendo retratos de la gente. Me acerqué y le pregunté si podía hacerme uno. Y luego nos enamoramos.

PK; volvemos a tí. La ruta de La India a Suecia era conocida en los 70 y los 80 como la ruta hippie - the Hippy Trail-. Tenías 80 dólares y unos pocos cientos de rupias. Ponnos en ruta y dinos qué obstáculos tuviste que superar.

Estuvimos juntos dos o tres semanas antes de que Charlotte se marchara. Durante un año y medio no nos vimos. Nos carteabamos pero pensé que era yo el que tenía que dar el primer paso. Y solo tenía una bicicleta.
No solo pedaleé. También viajé en camiones. Dormía bajo las estrellas en un saco de dormir. Algunas personas me invitaban a sus casas y me servían comida a cambio de caricaturas. Tenía 80 dólares en mi riñonera y nunca los gasté. Y siempre que llegaba a una ciudad importante mandaba una carta a Charlotte: en Kandahar, en Kabul, en Stambul, etc...
Hice un montón de amigos hippies, que me aconsejaron, compartieron conmigo todo lo que tenían y me guiaron. Nunca estuve solo o con una persona a la que yo no le gustara. Era un mundo más inocente, de paz y amor y, por supuesto, de libertad. El mayor obstáculo fueron mis pensamientos, mis dudas.


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