domingo, 23 de julio de 2017

Cómo era Río de Janeiro pocos meses antes de los Juegos Olímpicos de 2016.

Como hija de un ingeniero petrolero, Juliana Barbassa, ha recorrido el mundo siguiendo las vicisitudes del trabajo de su progenitor. Como corresponsal estuvo en lugares tan variados como Irak, Malta y Texas. Pero nunca perdió el contacto con su país de origen, Brasil, una potencia emergente que sale de décadas de subdesarrollo y de las secuelas de una dictadura militar. Era tanta la pujanza económica de Brasil que el Comité Olímpico Internacional la recompensó con la concesión de los Juegos Olímpicos de 2016. Es por esto que adapto una entrevista que Simon Worrall le hizo a Juliana Barbassa con motivo de su libro BAILANDO CON EL DIABLO EN LA CIUDAD DE DIOS.

La ciudad a la que regresaste estaba plagada de delincuencia. Habla del Comando Rojo y de la operación militar para desarticularlo.

Cuando llegué la ciudad no era especialmente violenta. Caminabas por las calles y sabías que habían muy pocas oportunidades de sufrir un robo violento. Pero pocos meses antes de la ceremonia de Inauguración de los Juegos, un grupo de hombres jóvenes montados en motocicletas interrumpían el tráfico, robaban a los conductores y quemaban los autobuses de la línea urbana.
Todos ellos pertenecían a una banda conocida como el Comando Vermelho. Se habían hecho ricos con el contrabando de drogas y el control de las favelas, pero las nuevas disposiciones municipales les quitaban ese control y buena parte de sus negocios. La Policía se armó con fusiles militares y con tanques y blindados para desalojarlos de la favela donde se habían hecho fuertes mediante fortificaciones, el Complexo dos Alemaes, o Complejo de los Alemanes.

Sin embargo, muchas favelas fueron afectadas por la remodelación urbanística.

Algunos asuntos han sido escandalosos como el derribo sin compensación alguna de 119 comunidades de favelas. Otras han sido más positivas como el saneamiento de la muy contaminada Bahía de Guanabara, donde iban a parar las aguas fecales de la ciudad. Se suponía que algunas de las pruebas de natación en aguas abiertas tendrían que desarrollarse allí.

El control de natalidad ha hecho posible el despegue de Brasil; ¿No es cierto?

Es cierto. Mi abuela tenía 14 hermanos. Mis padres tenían 6 o 7 hermanos, que a su vez tuvieron 3 hijos o menos. Entre mis primos y yo tenemos aún menos. Costó muchas generaciones pero las mujeres ya tienen cierto control de sus cuerpos.

Dices en tu libro que el dinero y las infraestructuras destinadas a los Juegos van a beneficiar a los de siempre y van a perjudicar a los de siempre.

Sí; Por ejemplo, en Río tenemos un problema de tráfico. Las personas se pasan en embotellamientos de 3 a 4 horas diarias, con lo que ello supone de perjuicio para la productividad de las empresas. Con los planes de desarrollo obtuvimos varías líneas rápidas de transporte colectivo, todas conectadas con el lado oeste de la ciudad. Si te digo que el lado oeste es donde están las empresas que han invertido en las infraestructuras y que ninguna de las líneas para en los barrios humildes puedes imaginar por qué afirmo lo que afirmo.

Supongo que les dolió a los brasileños perder la final del Mundial de Fútbol contra Alemania de 7-1.

Bueno; nuestra relación con el fútbol, con esa catarsis colectiva proviene de los años de la dictadura militar. Cuando Pelé jugaba alfúlbol con la selección Canarinha demotraba a los brasileños que había algo de lo que podíamos sentirnos orgullosos, aunque los militares nos robasen todo lo demás.
Recuerdo que días antes de esa final había un sentimiento religioso. "¿Crees que Brasil ganará a Alemania?", preguntábamos los periodistas a los transeuntes. "Sí, si cada cuál hace su parte". Por eso no es raro que muchos llorasen a lágrima viva delante del televisor o se negasen a ver terminar el partido cuando era evidente que la Canarinha iba a perder.

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