miércoles, 11 de octubre de 2017

Gregory Berns estudia el comportamiento de los perros.

Tu perro se ha sentado cuando le has dicho que lo haga. Como consecuencia le dan una galleta de perros. ¿Pero lo ha hecho porque te quiere o porque sabe que si no se sienta no habrá galletita? Gregory Berns, un neurocientífico de la Universidad de Emory, quería saberlo, así que entrenó a varios perros de Atlanta para subirse a un aparato de resonancia magnética. Escribió el libro ¿CÖMO ES SER COMO UN PERRO? para divulgar sus conocimientos.

¿Cómo se te ocurrió la loca idea de hacerle una resonancia magnética a tu perra terrier?

Mi perra es muy dominante y curiosa. Le gustan las cosas nuevas, y a mí también, así que me pregunté si podría adiestrarla para hacerse una resonancia magnética, para saber cómo me percibía a mí, que la salvé de un refugio de animales abandonados de Atlanta.
Me asocié con un entrenador de perros local. Ambos construimos una réplica de un aparato de resonancia magnética y fuimos acostumbrando a la perra poco a poco a la clase de ruidos que estas máquinas hacen. Grabé los sonidos de los imanes, y los ponía en casa, a bajo volumen, mientras jugaba con Callie, aumentando la intensidad sonora a medida que mi terrier se acostumbraba. Costó de 2 a 3 meses que ella encontrase interesante quedarse quieta en un aparato de resonancia magnética real.

Afirmas que hay muchas similitudes entre un ser humanos y un perro en una región cerebral llamada el núcleo caudado. Explícanoslo a los profanos.

El núcleo caudado está presente en todos los cerebros de mamíferos. Es muy rico en receptores de dopamina, un neorotransmisor del placer.
El núcleo caudado está activo cuando un animal está esperando algo, esto sucede y tiene que decidir que hacer con esa información. Es particularmente activo cuando se trata de refuerzos positivos, com cuando se trata de una galletita por sentarse a tiempo o una caricias entre las orejas.

Algo que nos intriga a los humanos es si nuestros perros nos "quieren" porque les proporcionamos comida, cobijo y cuidados o realmente nos quieren porque sienten un vínculo hacia los humanos. Háblanos de tus experimentos sobre el tema.

En este experimento mostrábamos a los perros un objeto que significaba que recibirían una galleta para perros y otro que significaba que los acariciaríamos y les diríamos "!Buen chico!". Algunos perros solo estaban interesados en la comida pero había otros que solo deseaban el cariño y la aprobación de sus amos. La mayoría oscilaba entre una cosa u la otra.

También has estudiado a los leones marinos y su capacidad para sentir el ritmo, ¿no?

Fue más complicado, porque los leones marinos se deslizan y no pueden saltar y meterse en una máquina de resonancia magnética. Estudiamos cerebros de especímenes que habían muerto ya en los zoológicos y nos dimos cuenta de que la capacidad de seguir el ritmo es anterior a a capacidad de vocalizar.
Los leones marinos son animales sociales, pero tienen un lenguaje de ladridos más pobre que el de los perros domésticos. Pero suelen asociar los sonidos que escuchan con sus centros motores con una coordinación propia de los bailarines de claqué.
Se creía que esta habilidad procedía del lenguaje, pero los lobos marinos no vocalizan ni emiten sonido alguno, y también tienen sentido del ritmo.

También has hecho resonancias magnéticas de animales extinguidos como los tilacinos o tigres de Tasmania, un pariente lejano de los perros domésticos. ¿Qué descubriste de su comportamiento?

Que no tienen mucho que ver, ni por su comportamiento, con los perros. Parecen perros salvajes, pero ni eran sociales ni su cerebro similar al de nuestros perros. Se parecía más al de los diablos de Tasmania. Son marsupiales que, por un fenómeno llamado "evolución convergente" ocupan el mismo nicho que los cánidos salvajes.

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