jueves, 22 de marzo de 2018

Fantasía del amor romántico.

Cuando se conocieron, cada uno de los miembros de aquella pareja heterosexual pensaba que el amor sería suficiente para ambos. Ambos vivían en una burbuja de la que no querían bajar. Un día se despertaron, y el otro pasó a ser del montón. Cosas que antes se ignoraban eran ahora un motivo de discusión. Sin el cóctel hormonal del enamoramiento cada día era más difícil encontrar la chispa en actividades que entonces habían sido divertidas. La chica habló con el chico y se acabó la convivencia. Había sido divertido mientras duró pero era mejor no continuar. Esta ruptura siguió unos cauces civilizados. pero la idea del amor romántico suele alimentar las demandas más sanguinarias de divorcio, como si el objetivo del otro en la relación de pareja fuera la estafa, cuando el amor es una trampa que no se cierra si ambos no toman parte. También sirve de excusa para los celos y la violencia de género.

Pero, ¿cómo surgió esta idea? ¿Es un construto cultural o tiene algo de biológico?

En las sociedades de la Antigüedad Clásica - Grecia y Roma- el matrimonio era un contrato ante el Estado. De él se esperaba el mantenimiento del patrimonio heredado y la procreación de nuevos ciudadamos para el Estado. Los detractores de Pericles solían reprocharle que mostrase su afecto por Aspasia, que ni siquiera era ateniense, con un beso en la mejilla.  Séneca llegó a decir de las muestras de afecto en público como abrazar a la esposa delante de testigos o sentir apego hacia ella, cuando estabas metido en política, "amar a  la propia esposa con pasión ardiente es adulterio".

Los siglos XII y XIII son los del amor cortés, cantado por los trovadores como la condesa Beatriz de Día. Es una época donde los señores feudales deben autorizar el matrimionio de sus siervos y en la que los señores se casan por orden de su rey o de su padre. Las muestras de afecto están admitidas en público, pero no la parte sexual de la pasión. En una sociedad donde nadie se casa por amor, el amor cortés está en boga.

El amor cortés es un casto amor platónico por una mujer inalcanzable porque no pertenece al rango del amante o porque está casada. Por amor se va a la guerra o a los torneos en busca de la admiración de esa joven llevando una media o un trozo del vestido de ella atado a la lanza. El amante se estima más y hace todo para que ella lo sepa, aunque no vaya a recibir recompensa por ello de forma carnal en la reglamentista sociedad medieval.

La literatura que leen los señores feudales está llena de advertencias sobre hacer carnales estos amores. Camelot cae en una terrible guerra civil cuando la esposa del rey Arturo, Ginebra, yace con el caballero Lancelot y es descubierta. El amor entre Tristán e Isolda, la prometida del rey Marc, está prohíbido y los amantes mueren.

A finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, las mujeres burguesas están más ociosas y los editores publican más libros. Los románticos escriben novelas para las mujeres victorianas sobre mujeres como ellas, de clase alta, cuya meta es casarse bien y alcanzar una posición social mejor. Entre tanta literatura femenina, destaca solo una advertencia sobre los peligros del amor pasional: MADAME BOVARY nos habla de una mujer atrapada en un matrimonio infeliz que se arruina, y de paso arruina la vida de las personas que la rodean, yendo en pos de un petrimetre de buena planta.

"El problema del amor romántico es que contribuye a que mujeres atrapadas en situaciones límite por culpa de maltratadores psicológicos o chantajistas emocionales no pidan ayuda a tiempo. Creen que pueden cambiar a los hombres, lo cual no es cierto. Creen que los celos patológicos son una muestra de amor desproporcionada, y la aceptan. Creen que el afán de control es una muestra de compromiso. Cuando la primera bofetada llega es demasiado tarde para despertar", según Victoria Ferrer Pérez, catedrática de Psicología Social de Género de la Universidad de las Islas Baleares, en su libro DEL AMOR ROMÁNTICO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO.

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