domingo, 10 de junio de 2018

American Catch, un libro de Paul Greenberg.

En tu libro, Paul, hablas del declive de la industria pesquera estadounidense. ¿Tan grave es el asunto?

El 80 por ciento de los productos consumidos por los estadounidenses son importados, la mayoría desde las pesquerías asiáticas. A cambio exportamos recursos magníficos como en salmón de Alaska y el bacalao negro. Importamos pescados de menor categoría como la tilapia o el swai.

Pero hay destellos de esperanza. Las ostras orientales de Nueva York se están recuperando, por ejemplo.

La ostra oriental, Crossostrea Virginica, es la única especie de ostra que crece en la costa este delos Estados Unidos. En 1940 era tan numerosa que los estadounidenses consumían unas 600 por persona y año. Una ostra puede filtrar unos 50 galones de agua al día, por lo que su presencia era valiosa para determinar la salud de los ecosistemas marinos.

Pero en 1940 el expolio había sido tan grave que las aguas del puerto de Nueva York estaban anóxicas. Los barcos entraban en el puerto con los cascos llenos de percebes y los capitanes sabían que sólo se tenían que quedar fondeados algunos días en semejantes aguas para que se desprendieran muertos.

Por suerte la Ley del Agua de 1972 implicó que las aguas del puerto se repoblaran de ostras y ahira hay toda clase de vida marina allí, además de las suficientes ostras para alimentar una industria sostenible.

Otro protagonista de tu libro es el camarón.

Los estadounidenses consumen 5 libras de camarones por persona y año, que es casi tanto como los dos siguientes pescados de consumo masivo combinados: el salmón de Alaska y el atún.

Los estadounidenses comíamos camarones estadounidenses antes de que las minas de oro destruyeran las marismas de las que dependen. Ahora importamos el 90 por ciento de los camarones que nos comemos. Hemos perdido en el último siglo el 70 por ciento de nuestras marismas.


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