domingo, 17 de junio de 2018

Un matrimonio británico hace experimentos de conservacionismo en un viejo castillo.

El Castillo Knepp es una antigua finca agrícola de 3500 acres de extensión. Durante 35 años estuvo dedicada a la agricultura intensiva y al pastoreo de ganado vacuno y ovino. Es un castillo que ha pertenecido a los antepasados de Isabella Tree desde el siglo XVIII. La mujer, junto con su marido Charley Burrell, deciden en 2001 permitir que la naturaleza siga sus procesos naturales, ya que el uso abusivo de productos químicos, el hecho de que no es muy buena idea arar en un terreno arcilloso y lo sucedido con los bosques cercanos estaba destrozando la propiedad. Tras diez años de un proceso llamado rewilding han vuelto tras una ausencia de décadas a oírse los trinos de los ruiseñores y el revolotear de las mariposas moradas.

Para leer:
WILDING (Isabella Tree).

Háblanos de vuestra experiencia en el Castillo Knepp.

Estamos en West Sussex. a unos 44 kilómetros al sur del centro de Londres. Durante generaciones mi familia ha estado desarrollando un proyecto de ganadería intensiva de arables y lácteos, hasta que en 2000 vimos el deterioro de la finca y nos embarcamos en un proyecto de rewilding. Se trata de restaurar algunos procesos naturales en el paisaje, algo de dinamismo, demodo que la natuleza empiece a funcionar correctamente por sí misma con la mínima intervención humana.

Empezásteis con lo de la conservación de la naturaleza cuando vísteis el efecto que tenían vuestras prácticas en un viejo roble que hay frente a vuestra mansión.

Es conocido como el roble Knepp y ya estaba allí durante la Revolución Inglesa del siglo XVII. Tiene unos 500 años. Pero mi abuelo vio que empezaba a partirse por en medio. Durante la Segunda Guerra Mundial las tropas canadienses instaladas en la finca tuvieron la bondad de amarrár el roble con cadenas de amarrar carros de combate. Pero en 2010 el apaño ya no funcionaba.

Le tenemos mucho cariño a ese roble así que consultamos con Ted Green, el administrador de robles en el Gran Parque de Windsor. Nos dijo que el roble estaba bien, solo necesitaba una buena poda. Luego examinó Repton Park, el robledal cercano, con árboles de 400 y 300 años. Nos dijo que habíamos hecho mal las cosas. Habíamos arado hasta los límites de los troncos, aplicado productos químicos en demasía, y nuestro ganado había compactado el suelo con sus pezuñas. Ha de recordar, señor Worrall, que la finca se encuentra sobre un terreno arcilloso y que las raíces no son muy profundas. Green dijo que a la finca le quedaban unas 100 cosechas hasta quedar completamente yerma. Nos pusimos muy tristes, pero mi marido Charlie y yo amamos este rinconcito de la campiña inglesa, así que abrazamos el conservacionismo.

Dices en el libro que tu finca es un santuario para los ruiseñores. ¿Cómo lo habéis logrado?

Dejando crecer los matorrales espinosos que les gustan. En 2002 no teníamos ningún ruiseñor en la propiedad. En 2012 había 32 machos haciendo su reclamo nupcial.

El número de ruiseñores en Gran Bretaña ha caído más del 90 % en todo Reino Unido desde la década de 1960. Es un ave canora en peligro crítico pero si todos dejamos crecer algunos arbustos espinosos a lo mejor se salva. Eso espero.


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