domingo, 5 de agosto de 2018

SOLO. Una historia de supervivencia.


https://www.youtube.com/watch?v=e3fQs7UyZQs

El 3 de agosto de 2017 llega a los cines españoles la aventura de Álvaro Vizcaíno, que se cayó por un acantilado, y pasó 48 horas herido en una cala olvidada sin comida ni bebida.

El 7 de septiembre de 2014 el mar que tanto adoraba estuvo a punto de convertirse en la tumba del surfero álvaro Vizcaíno. Fue en una zona del sur de Fuerteventura, tras resbalar en una duna hasta el borde de un acantilado y romperse varios huesos en sus caída contra las rocas. Se inició una lucha por sobrevivir que duró más de 48 horas.

A Álvaro Vizcaíno lo interpreta Alain Fernández y Aura Garrido interpreta a su ex novia Ona.

¿Cómo ves la interpretación de Alain, Álvaro?

Se ha metido en el papel casi a tope. Decía: "Esto no es algo que yo haya interpretado, es algo que me ha pasado". Las joranadas de rodaje duraban 12 horas. Doce horas rescolgado de los arneses deseguridad en el acantilado, metido en el agua con las medusas. Casi vivió lo mismo que yo a cambio de un sueldo.

¿Qué hacías en esa parte de la isla de Fuerteventura tan solitaria?

Hacía tres meses que me había separado de Ona, la chica que interpreta Aura Garrido. Estaba saliendo con otra chica del sur de la isla y pasé con ella la noche. Aldía siguiente tenía que regresar al  norte y pasé por ese lugar. Me acordé de que Ona me había enseñado las pistas tan espectaculares de Fuerteventura que había, y decidí coger unas cuantas olas, aprovachando que el mar estaba en su punto.

¿Y qué pasó?

En la duna, al final, había un trozo que se había solidificado y era espectacular, como una duna de arena. Pasé por debajo y resbale.

¿Cómo fue la caída?

La pendiente de arena estaba muy inclinada y era imposible asirse a nada. Lo increíble es que en el último tramo me quedé colgando apretando la cara y las manos, y así conseguí frenarme.

¿Qué pensaste al borde de la muerte?

Lo primero es un sentimiento de negación: "Esto no me está pasando a mí. Le está pasando a otro". Luego me enfadé conmigo mismo por estar allí y no en un lugar más seguro. Lo siguiente fue pensar que otros surfistas se habían matado en calas como esa y sentir pánico. Luego pensé: "Vas a acabar cayendo sobre las rocas. Así que no caigas de espalda porque te matarás. Cae cuando pase una ola, y de lado, para no quedarte tetrapléjico".

El sentio común te salvó:

Tuve suerte porque caí enel hueco entre dos rocas, pero me partí la mano. Pensé: "Estas vivo, y eso ya es ganar".

También te partiste la pelvis.

Al principio no lo notaba, pero cuando quise encaramarme en una rica escuché un crujido y me golpeé al caer la cabeza contra las rocas. Perdí el sentido. Cuando me desperté me mire la mano y la tenía abierta. Hasta se veían los tendones. Empecé a tratar de mover las extremidades para saber si me había roto la columna vertebral o no. Cada ves que oía el crujido de la pelvil me desmayaba, así que opté por alejarme del agua arrastrándome con los codos.

Así que te metiste en el agua y empezaste a nadar hacia una playa cercana.

Fue un infierno, porque solo contaba con una mano para bracear. Mi cuerpo se bloqueaba por el esfuerzo. Tenía convulsiones, gritaba como un loco... La sal marina hacía que las heridas escocieran más. Sabía que iba a morir ahogado. He visto a otros surfistas morir así.

Pero quería que el último momento de mi vida fuera solamente mío, no dedicarlo a bracear y gritar a nadie. Entendí que mi vida se acababa y empecé a dar gracias a Dios por mi vida. Entonces sentí un vacío. Estaba solo y sólo sobreviviría.

Empecé a ver la luz, saqué la cabeza del agua y empecé a respirar. Seguí escuchando el crackde mi pelvis pero ya no me desmayaba. Supe que tenía una nueva oportunidad. Lo que antes era imposible fisicamente y mentalmente, de repente, se convirtió en una oportunidad. Llegué a la playa.

En la cala pasaste más de 48 horas...

Sí; fueron tres días y parte del tercero. Era una cala inhóspita e inaccesible para nadie que caminase. Pero mi mente pensaba que ahora en mi soledad y mi angustía mandaba yo. Hice balance de mi vida, de los asuntos pendientes que dejaba si moría. Pensé en las cosas que podía haber hecho y no hice, en las personas a las que podía haber dicho que las quería y no se lo dije.. Me descubrí y me acepté.

¿Cómo te rescataron?

Tenía una mano inservible, pero encontré una tabla y una red y me hice una mano- remo. También me encontré un flotador de un niño y eso sirvió para que no se hundieran mis piernas. Al tercer día decidí que si era imposible trepar o que llegase alguien aldando hasta mí, me iba a salvas nadando. Ese día el mar Atlántico, que tiene unas olas brutales en el sur de Fuerteventura, estaba tranquilo, y a una cosa de dos kilometros de veía un puntito blanco. Un barco. Al pricipio tuve que asegurarme que no era una alucinación.

Me puse a nadar, tras aparcar las emociones, que no me servían para nada en aquel contexto. Nadé los dos kilómetros. El punto blanco era el yate de tres policías libres de servicio. Les grité para llamar su atención y les silbé. Parecía que se iban a ír, pero no. Sollo estaban buscñandome por la otra banda. Me sacaron del agua y allí se acabó mi historia de supervivencia.

¿Ha cambiado tu relación con el mar?

Me sigue gustando hacer surfing, aunque le tengo el mismo respeto, o más, que antes. El día del acantilado no lo tenía planeado, surgió así. Pero hay que tener cuidado. Hay sitios donde uno no puede meterse solo. Siempre hablo con la gente local de las corrientes y de los patrones climáticos.

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