viernes, 29 de octubre de 2021

Niños que torturan animales. ¿Deben preocuparse los padres?

 Estábamos hechos unos hijos de nuestras madres en aquellos tórrido veranos en nuestro pueblo con mucho tiempo libre, adultos ocupados, y sin una buena idea en las cabezas. Pillábamos una rana desprevenida y la inflábamos por medio de una pajita introducida en el ano del anfibio. Los niños clavaban las alas de los murciélagos en el establo de los graneros y los obligábamos a fumar. Moscas con las alas arrancadas achicharradas en las primeras vitrocerámicas. Niños que tiraban de la cola a las lagartijas hasta que esta se desprendía, o perros con petardos atados al rabo que corrían despavoridos hasta que el   dueño, justiciero y adalid de las mascotas, nos ponía en nuestro sitio con una tanda oportuna de rijostios,

Pero todo eso fue antes de la nueva sensibilidad ecologista y la mecanización del trabajo del campo. Los niños no están presentes cuando los terneros vienen al mundo ni durante la matanza del cerdo. Tampoco ven a su madre o a su abuela despellejar un conejo o una gallina para cocinarlas, Una crueldad calculada con los animales equivalía a la supervivencia.

El psiquiatra y médico forense José Cabrera se acuerda de algunas gamberradas con animales que hacía de pequeño en el pueblo. "Colocábanos pajitas en el abdolen de los insectos voladores y luego veíamos complacidos los apuros que pasaban para levantar el vuelo. Capturábamos lagartijas y las obligábamos a ingerir tabaco ( que es muy tóxico para los reptiles),u organízabamos peleas entre arañas y alacranes. Los aniumales estaban disponibles y había una gran distancia entre ellos y los humanos. No existía ninguna educación ecologista ni animalista cuando yo era niño. En la ciudad las víctimas eran pájaros, perros y gatos callejeros", dice.

"Freud decía que los niños son perversos polimorfos, no tienen forma aún, y mezclan la fantasía con la realidad. En ese contexto, la crueldad con los animales está limitada a niños con frustraciones, problemáticos o inmerso en conflictos familiares. Es un signo que predice una personalidad agresiva en el futuro con los humanos adultos".

"Los padres debemos preocuparnos cuando el niño maltrate animales en solitario para obtener satisfacción del hecho y persista en este comportamiento. Esto puede ser signo de una agresividad latente que no  sabe ni puede todavía manifestarse de otra manera, y entonces hay que preocuparse.

"Si es algo esporádico no tenemos que preocuparnos pero si este comportamiento persiste durante la pubertad y la adolescencia, podemos estar delante de un transtorno mental importante. Hay que pedir ayuda a especialistas de la psicología y de la psiquiatría. También hay que estar pendiente de las amistades y de la relación con hermanos y vecinos, pues todo forma parte del mismo problema

La psidóloga Maria del Carmen Castro indica que estos comportamientos, si son frecuentes, pueden ser signos de falta de empatía o de educacion adecuada; haber sido víctima de maltrato o de abandono por parte de los tutores legales; impulsividad o necesidad de pertenencia a un grupo donde la responsabilidad del acto se diluye. Si todos los niños de la cuadrilla participan, todos son responsables, pero en sus mentes infantiles nadie es realmente culpable.

También el miedo puede estar detrás de estos ataques. Podemos tener miedo de un ratón o de un pájaro...que no pueden responder a nuestra agresión de otro modo que con arañazos, mordiscos o picotazos.

"Es la familia la que debe empezar la educación del menos transmitiéndole valores positivos hacia los seres vivos, haya o no en casaq animal de compañía, permitiendo así el desarrollo de la empatía...Hay que preguntar a los niños cómo se sentirían ellos cuando juegan de forma brusca con las mascotas o son violentos con ellas"

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