Un grupo de rebeldes liderados por Pelayo venció a un ejército muy superior y logró que huyera el gobernador musulmán de León. Aquella victoria local y modesta cambió la Historia. Es un suceso plagado de aventuras y entroncado con la leyenda del que se cumplen 700 años.
"Se alzan los fustíbalos ("palos con hondas"), brillan las espadas, se erizan las lanzas y sin cesar se disparan saetas", describe la Crónica Rotense en el siglo IX sobre la batalla de Covadonga. Antes de esto, el obispo Oppas "hijo del rey Witiza, por cuya alevosia se perdieron los godos" ha tratado de razonar con los rebeldes montañeses para que depongan las armas.
Tras el hay un campamento de soldados musulmanes, venido desde Córdoba o Astorga y comandado por el general Alqama. Según las crónicas se trata de 187.000 hombres con todo su equipo. Los rebeldes no se rinden. Los 300 montañeses astures acantonados en lo alto del monte Auseva, en los Picos de Europa, vencen el asedio y provocan un desprendimiento de rocas que aplasta al ejército musulmán en returada.
Yeyo Balbás, autor de ESPADA, HAMBRE Y CAUTIVERIO. LA CONQUISTA ISLÁMICA DE SPANIA (Desperta Ferro Ediciones) dice que los 187.000 hombres del ejército musulmán para aplacar una insuignificante revuelta en una exageración con tintes bíblicos. Los 300 luchadores astures y visigodos en realidad recuerdan a los 300 espartanos que hicieron frente al ejército de Jerjes en el paso de las Termópilas. Serían unas fuerzas muy igualadas de 2.000 hombres por cada bando.
Durante el verano de 722 Asturias era un conjunto de granjas y pequeñas poblaciones de pastores y ganaderos que poco o nada tenían que ofrecer a los gobernantes musulmanes del sur. Estos habían derrotado en 711 a los visigodos del rey Rodrigo en la batalla de Guadalete, de la que se escaquearon la mayoría de los nobles godos debido a la forma errática de gobernar de Rodrigo.
Gijón tenía puerta, una muralla romana de 850 metros de perímetro con 30 torres y su cisterna para bastecerse de agua. Era lo más parecido a una ciudad tal y como la entendían los urbanistas islámicos. Desde allí gobierna Munuza, el gobernador musulmán. Él es quien pide refuerzos para palacar a Pelayo, un líder levantisco que está aglutinando una importante resistencia en torno suyo
¿Quién era Pèlayo?¿Por qué es él quien prende la llama de la Reconquista? Para algunos está emparentado con los últimos reyes visigodos, aunque para otros autores solo es un spatario ( jefe de la guardia de palacio). Aunque hay quien afirma que, con toda seguridad, debía tratarse de algun jefe regional de algún tipo.
LA CRÓNICA DEL REY ALFONSO III (del siglo IX) dice que Pelayo estaba como rehén en Córdoba cuando le comunicaron que Munuza acababa de casarse con su hermana. Pelayo huyó con un grupo de seguidores y despistó a sus perseguidores cruzando por un vado el río Pilona mientras estaba desbordado. Tras unas cuantas reuniones clandestinas con los jefes de clan astores, disgustados por los crecientes tributos que exigían las nuevas autoridades de Gijón, los ganaderos se internaron en los picos de Europa con sus ovejas y vacas, en torno a los pastizales del monte Auseba.
La batalla fue un ataque contra el centro y la retaguardia de la columna principal. La leyenda dice que la Virgen hizo que las rocas de las catapultas volvieran contra los que las habían lanzado contra las fuerzas cristianas con funestos resultados. Pero en las batalla del siglo VIII nadie llevaba uniformes y eran frecuentes, por esta razón, las muertes por fuego amigo. Y las armás lanzadoras de proyectiles no eran tan fiables como creía sus usuarios.
Cuando le llegó la noticia del descalabro militar el gobernador Munuza dejó Gijón y murió durante la retirada. Pelayo murió en 737, tras un reinado de casi dos décadas. Fue el primer rey del reino de Asturias. Lo sucedió su hijo Favila, que reinó dos años. Unos hablan del ataque de un oso como causa de su muerte un día de cacería. Otros hablan de un complot de sus nobles en la corte de Cangas de Onís. Lo sucede Alfonso I, hijo de Pedro, dux de Cantabria, que expande la zonad e influencia cristiana hasta las costa gallegas y las riberas del Miño.

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