Cristina Ojeda era una bañista española que se estaba dando un chapuzón en la playa de Agüimes, cerca de Gran Canaria ciando sintió que algo pequeño le embestía un brazo y le dejaba unas marcas de mordisco en forma de sierra.
Los expertos opinan que se trata del mordisco por curiosidad de un tiburón sedoso, y que ha sido ocasionel, por lo que presumen que no habrá un sgundo ataque en los próximos 50 años. Los tiburones no tienen manos y Cristina estaba dejando flotar llevada por las corrientes de la zona sus brazós, por lo que este escualo curioso lo mordió. Repetimos, por pura curiosidad.

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