Ni son fotografías de moda de las años 1920. Son fichas policiales y sus protagonistas, delincuentes. Así retrataban a los detenidos los fotógrafos del Departamento de Policía de Nueva Galñes del Sur en Australia, entre 1919 y 1939, un impresionante archivo que ahora se expone en los Sidney Living Museum, en el que hombres y mujeres salidos de la calle eran invitados a posar como quisieran, con su propio estilo.
La exposición:
La historia de esta exposición comienza con una inundación en los archivos de Fotografía del Departamento de Policía de Nueva Gales del Sur, donde se sitúa la ciudad de Sidney. A finales de la década de 1980, tras las lluvias monzónicas, el agua llegó hasta unos cofres de madera que contenían miles de negativos policiales de la década de 1920 y 1930. El agua acabó con buena parte de ellos. Pero las placas de cristal fueron recuperados y catalogados por prinmera vez.
Se trataba de fotografías de personas detenidas tomadas por fotógrafos de estación Central de Policía de Sidney que dejaban posar a los detenidos como quisieran. El rpoblema es que no siempre se conservaban los catos policiales. En 2005 se contrató a documentalistas para poder identificar a esas personas y las razones por las que fieron arrestados, y se hizo una exposición con los resultados, CITY OF SHADOWS, CIUDAD DE SOMBRAS. Se puso las fotografías más recalcitrantes en manos de los ciudadanos por si identicaban a los que aparecían en ellas, un siglo después. Echemos un vistazo al mundo del crimen corriente en el periodo de entreguerras.
En los años veinte surgieron las flappers, mujeres que se cortaban el pelo, fueron pioneras en usar faldas por encima de las trodillas, bailaban foxtrot y charleston al ritmo de bandas y bebían y fumaban en público, en cointra de lo que predicaban para las mujeres las voces más conservadoras. Lindsay ( no sale el apellido porque no llegó a ser condenada) quería ser una flapper pero no pudo lograrlo sin delinquir...
Salía con un novio que quería ser bailarín y para pagar los gastos de una gira necesitaba dinero, así que, cegada por el amor, Lindsay sustrajo un cheque de la mesa de su jefe y falsificó la firma con la esperanza de ganar 310 libras. No coló. Los empleados del banco llamaron a la Policía.
Lidsay se llevó solamente una amonestación porque al fin y al cabo no logró sustraer nada. "No todo en la vida consiste en bailar, señorita", le dijo el juez.
Barbara Turner era considerada como "la estafadora más inteligente de Nueva Gales del Sur". Comenzó vendiendo revistas, pero pronto descubrió que se ganaba más estafando sumes de dinero a abogados y empresarios. Les contaba historias lacrimógenas y les convencía a los hombres para que le prestasen dinero.
Logró acumular una importante fortune pero escribió un libro donde daba cuenta de sus actividades y se burlaba de los profesionales de cuello blanco que había estafado.
Esta es la historia de un transexual de la Belle Epoque que no fue a la cárcel por motivos de género sino por algo más siniuestro como la desaparición de una pareja sentimental. Se llamaba Eugenia pero este travestido logró convencer a todo el mundo de que era un hombre que respondía al nombre de Harry. Se casó con una mujer, Annie Plankett, que desapareció en 1902, tras comentar a sus allegados, que "había descubierto algo demoledor sobre Harry": Nunca encontraron el cuerpo de Annie.




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