Para empezar, si puedo evitarlo, no veo cine de terror. Y mucho menos películas slasher. Pero haremos una excepción por esta vez con esta película que, aunque no nos ahorra muertes escabrosas, no llega a los extremos de HOSTEL o PESADILLA EN ELM STREET. Quizá ese miedo a llegar al extremo, ese juego de estoy rodando terror pero no del todo, es lo que lastren como tal este slasher.
Isa (Ingrid García Jonhson), Susana (Silvia Alonso), Arancha, Javi y Jose son un grupo de amigos descerebrados en apariencia que desembarcan en un crucero en Venecia para hacer cosas para las que no era necesario salir de España como colarese en fiestas y ponerse ciegos de alcohol- que no pagan-. Hasta que desaparece Jose tras colarse en una fiesta subida de tono en medio del Carnaval de Venecia.
Un asesino vestido de Rigoletto mata turistas a la luz del sol, delante de testigos que creen que es una perfomance destinada a ellos. Todo forma parte de una conspiración para espantar a los turistas, meterles el miedo en el cuerpo para que los habitantes de Venecia recuperen su espacio, su identidad. Hay una conspiración en marcha. Pero fallan cosas en la trama policiaca.
Venecia es una ciudad de provincias de apenas 60.000 habitantes. Vale que desembarcan más turistas que vecinos en un día, y que los negocios no orientados al turismo como los ultramarinos están cerrando en masa. Pero la muerte de una docena de turistas en una semana ya alertaría a la Policía. Sobre todo porque los carabinieri no pertenecen a un país en vías de desarrollo.
Si el inspector Brunelli sabe que hay manifestaciones en contra de los cruceros de lujo desde hace unos meses, ya debería estar enterado del posible movil de los crímenes. Sobre todo porque los turistas suelen ser gregarios y se preocupan los unos de los otros.
Las conspiraciones suelen fallar porque algunos de sus miembros cambian de opinión y deciden hablar con las autoridades o porque el efecto no es el deseado. Es imposible que funcione una trama en la que está metida una ciudad de 60.000 habitantes, seguramente menos, a espaldas del gobierno de Roma. Sobre todo si implica la muerte de ciudadanos extranjeros.
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