jueves, 19 de mayo de 2022

Visitamos el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

 Comenzó como un gabinete de maravillas promovido por Carlos III. Desde entonces ha cobijado tanto dinosaurios como "piedras contra el mal de ojo" y hasta los leones de los payasos de la tele. En sus dos siglos y medio de existencia, el Museo Nacional de Ciencias Naturales ha vivido todo tipo de hallazgos, mudanzas y desatinos.

Las masas se agolpan delante del palacio de Goyeneche, en la calle Alcalá 13 de Madrid el 4 de noviembre de 1776 que las tropas tuvieron que intervenir para que no hubiese alborotos, según las crónicas de la época. La gente quiere ver las piezas proceedentes del Real Gabinete de Historia Natural, que Carlos III hacía públicas. Ese día nacio el actual Museo Nacional de Ciencias Naturales aunque la colección del Real Gabinete había comenzado a reunirse en 1771.

Sigue por allí un piedra bezoar, un amuleto que los poderosos de la Antigüedad y de la Edad Media ponían sobre sus mesas para aliiviar los posibles efectos del veneno sobre los alimentos servidos. Las "piedras" bezoar en realidad de piedras no tiene nada. Son cálculos, masas de cal y fosfato que se forman en el estómago de los rumiantes y que estos excretan. El bezoar del museo perteneció a Pedro Franco de Ávila, un criollo coleccionista de muestras botánicas, zoológicas y geológicas.

En 1788 llegó al esqueleto completo de un megaterio, un perezoso gigante extinguido que vivió durante el Cuarternario. Los huesos se encontraron en Argentina y Carlos II dio la orden de que se trasladaran en barco a España y se cedieran al Real Gabinete. "Es una pieza única porque es el primer vertebrado fósil que se exhibió publicamente y el único montado de forma cuadrúpeda", explica Carolina Martín, una de las autoras de UNA HISTORIA DEL MUSEO DE CIENCIAS NATURALES.

Otra de las joyas de este museo es el elefante cazado por el duque de Alba que procesionó en 1930 por las calles de Madrid para sorpresda de los viandantes. Es una de las obras maestras de los hermanos Benedito, expertos taxidermistas. Primero hacían una estructura de madera, luego esculpían al animan en escayola y luego lo recubrían con su piel encurtida.

Otro de los grandes momentos del Museo fue en 1935 cuando 455 participantes tomaron parte en el VI Congreso Internacional de Entomología. Hicieron excursiones a San Sebastián, a Canaruias y a la Sierra del Guadarrama. El Museo se internacionalizó, pero luego estalló la guerra civil española, las bombas empezaron a caer sobre Madrid y hubo que trasladar sus fondos a los sótanos del Museo del Prado. En 1939, el Museo estaba en condiciones de ofrecer el contenido de una pequeña habitación. Literal.

No hubo calefacción central ni instalación eléctrica hasta 1956. Ni tampoco sistema antiincandios hasta 1986. Las muestras recopiladas sobre entomología, herpetología, paleontología, planetología o vulcanología permanecían en el limbo del olvido. A partir de 1990 el Museo ya no se apoya tanto en la taxidermia como en los escáneres de superficie y la impresión 3 D..

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