Olimpiadas de Barcelona, en 1992.Las selecciones olímpicas de waterpolo de Italia y España se enfrentan en la piscina. Tras tres prorrogas los espoñales pierden por 9 a 8, y son merecedores de la plata, aunque esto les sabe a poco. A partir de entonces estos hombres se esforzarán por estar en el 90 por ciento de las finales y por ganar el oro en las Olimpiadas de Atlanta de 1996.
Uno de los artífices de estas victorias es el entrenador Matutinovic, un croata de medios discutibles. Puso a correr 30 kilómetros por el monte a los deportistas a su cargo, con lo que consiguió que se resintieran de las rodillas. Hizo todo lo posible por unir al equipo, aunque fuera contra lo que Matutinovic representaba y los métodos que empleaba. Durante un partido a un jugador que se sentía visiblemente intimidado por un rival, le axigió que le golpeara si quería volver a ser convocado.
Pedro García Aguado, posteriormente conocido por presentar un programa de telerrealidad sobre como reconducir la mala conducta de los adolescentes, era el alma del equipo a pesar de que se pasaba las noches de juerga y de que consumía drogas. Tocó suelo cuando se despertó un día y vio que no tenía un lugar en el equipo por el que tanto había luchado, que no tenía trabajo, que sus ahorros se estaban acabando y que tenía dos hijas con dos mujeres diferentes. También tenía deudas con un camello que afirmaba ser su amigo y actuar por su bien.
Estiarte, por su parte, presenció el suicidio de su hermana Rosa, una nadadora de élite, tras una discusión con su padre. Saltó por la ventana y un jovencísimo Estiarte contempló la caída y el cadáver de su hermana. En casa el tema estuvo prohíbido en las conversaciones durante años. Estiarte era el jugador que más goles conseguía para la selección española pero no sabía jugar en equipo. La llegada de Matutinovic y la irrupción de sus métodos, lo unió a sus compañeros, aunque solo fuera que todos compartían un odio sordo por el técnico croata.
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