Fiodor Volkogonov es un joven oficial del NKVD en un momento clave de la historia de la Unión Soviética: la Gran Purga de 1938. Se le ve bailando, jugando al voleibol y cantando con sus compañeros. Todos van vestidos, por cierto, con un anacrónico chandal rojo y una cabeza rapada que más recuerdan a los fanáticos ultras nacionalistas de la Federación Rusa actual que a los oficiales de la época de Stalin.
Han interrogado - torturado- a kúlaks, socialistas, finlandeses, antiguos oficiales zaristas, anarquistas y miembros del Partido Comunista que puedan ser presentados a una opción de liderazgo frente a Stalin. Sin problemas. Se les golpea todos los días, se les impide dormir y comer, y al cabo de un tiempo razonable "confiesan" crímenes contra el Estado. Algunos líderes comunistas destacados como Kámenev o Zinoviev "confiesan" crímenes contra el Estado a cambio de que no haya represalias contra sus familiares, pero lo cierto es que una vez muerto o en un gulag tu capacidad para proteger a tu familia disminuye o queda aniquilada por completo.
Volkogonov es feliz hasta que el líder del NKVD, Yezhov, cae en desgracia por hacer demasiado bien la parte represiva de su trabajo y es a su vez purgado, Jóvenes oficiales que habían torturado por el Estado están siendo detenidos y pugados. Volkonogov huye de sus compañeros, a pesar de que sabe que es en vano, y que frente al sistema estalinista solo Stalin puede esperar ganar. Como tiene miedo de ser condenado a las llamas del infierno - él, que se supone que como buen oficial soviético es ateo- recorre las casas de los familiares de sus víctimas implorando que le perdonen y explicando sus razones.
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