En el Japón feudal si eras un aristócrata mantenerte con vida no estaba garantizado. Ni cabía dentro de los cálculos de esas personas ni deseaban una esperanza de vida más larga. El samurai se identificaba con la flor de cerezo que cae al suelo y se marchita antes de madurar. Y si esto era así para los hombres, los samurais, también se mentalizaban de esta manera sus esposas e hijas.
Tomoe Gozen, según la Crónica de los Heike, "era una jinete sin miedo al que ni el más bravo caballo ni el mas abrupto terreno podían hacer temblar, y era diestra con la espada y el arco. Era capaz de abator cientos de guerreros, y de retar a los dioses o a los demonios".
Tomoe Gozen ( en japonés, Círcilo Perfecto) era la esposa de Minamoto No Yoshinaka aunque algunas fuentes dicen que era su asistente en el campo de batalla o su lugarteniente tan solo. Albos lucharon contra el clan Taura y sus aliados en las Guerras Gempei (1180-1185). Era una maestra, como todas las mujeres aristocráticas, en el uso de la naginata, una especie de lanza con la hoja curva, empleada por las mujeres para defender el hogar y las tierras de las apetencias territoriales de los vecinos en ausencia de los hombres de sus clanes.
Cuando el shogún acusó a Yoshinaka de conspirar contra sus superiores este cayó en desgracia. Se cuenta que Tomoe falleció en la batalla de Awazu (1184) como una de las cinco bushi supervivientes tras la muerte de Yoshinaka, desobedeciendo la sugerenciad e este de que se retirara del campo de batalla. Otras fuentes dicen que sobrevivió a su marido, decapitó al samurai que lo había asesinado en combate, se casó por segunda vez, enviudó y pasó sus últimos días como una devota monja budista.

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