Jacinto (Tony Leblanc), Pepe (José Luís Lopez Vázquez) y Manolo son unos amigos aficionados al fútbol. Como no pueden pagarse las entradas y descubren que el personal de camilleros de la Cruz Roja no tiene que hacerlo deciden enrolarse en la institución.
Jacinto es el típico bravucón que no dice que no a una copa de vino ni a unas lonchas de jamón gratis mientras le cuenta a sus sobrino unas hazañas poco creíbles para el que conozca la realidad del voluntariado. Cuesta creer que un pícaro ansioso de saciar el hambre esté presente en una película de 1961, aunque supongo que ver las andanzas de estos personajes en el cine ya era una tradición a pesar de cinco años de inclusión en el panorama geopolítico de la Guerra Fría, sin ese Búsquese la vida usted mismo de la autarquía, el periodo anterior.
Pepe aparece comprando medicinas de su propio bolsillo para una viuda con familia numerosa, enferma e imposibilitada para trabajar y mantener a su prole. Eso nos habla de la posible ausencia de unos servicios sociales lo suficientemente desarrollados para detectar y paliar estos casos. Se quiere, la Cruz Roja envía a alguien, pero en realidad no se puede. Pepe tiene que recurrir a sus fondos para hacerlo.
La Organización está militarizada, con oficiales al mando, cornetas e incluso se usa terminología militar. Los equipos están divididos en secciones como en el ejército de infantería, por ejemplo. Los voluntarios no tienen que hacer ninguna formación básica en primeros auxilios y prevención social para desechar a los buscavidas con hambre de privilegios como Jacinto. En la película se ve a los tres amigos haciendo la instrucción y recibiendo condecoraciones. Una película que nos habla muy bien de la Acción Social en tiempos del franquismo.

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