La noche del 9 de noviembre de 1983, el líder de la Unión Soviética, Yuri Andropov, estuvo a punto de pulsar el botón nuclear. Nunca en la Historia hemos estado más cerca del Armagedón. En Occidente tan solo un espía fue consciente del peligro...
A 10 kilómetros de Moscú, junto a una zona residencial hay un bosque de abedules. En 1983 había allí un edificio custodiado por guardias rojos. Era conocido como el Hospital del Kremlin o Clínica Kuntsevo, un sanatorio de lujo para los funcionarios del Politburó y otros miembros destacados del Partido.
En la primera semana de noviembre de1983 la Clínica Kuntsevo se ocupaba de proporcionar a Yuri Andropop, el Secretario General del Partido un tratamiento renal madiante una de las rarísimas - en la Unión Soviética, claro- máquinas de diálisis. Como se enseñaba a los soviéticos que enfermar era una muestra de debilidad, casi un delito de negarse a ser un miembro productivo del Estado, los periódicos publicaron que Andropov estaba realmente en un balneario de Crimea.
Una de las escasísimas personas que podían despachar con Andropov era el Ministro de Defensa, Ustinov. Entre los dos desplegaron los submarinos nucleares y alertaron a los silos nuclerares con los misiles intercontinentales SS-19, cada uno armado con múltiples cabezas nucleares, de que un ataque por parte de las potencias capitalistas estaba en macha. Pronto apareció un joven cadete portando un cheget ( un maletín nuclear) con los códigos listas y las últimas claves para desencadenar el infierno en la Tierra.
1983 es un año clave en las últimas tensiones de la Guerra Fría. Ronald Reagan es residente desde hace dos años y ha destinado un 7 por ciento del PIB a incrementar el ya excesivo gasto en armamento. Su última baza es la Guerra de las Galaxias, un escudo de intercepción de misiles que los destruiría antes de la reentrada en la atmósfera y el estallido de las cargas nucleares. Hasta ahora las dos potencias se habían contenido y apaciguado a causa del concepto de destrucción mutua asegurada. Pero si ahora Estados Unidos podía alcanzar suelo soviético con sus misiles impunemente - lo cual no era cierto- las reglas del juego cambiaban.
Andropov, ex jefe durante 15 años del KGB, se volvió paranoico y puso en marcha la operación Ryan. Algunas de las órdenes para los agentes en suelo norteamericano era sensatas como avisar del aumento de actividad y controles cerca de los silos estadounidenses. Otras eran completamente absurdas como contar las luces encendidas por la noche de los edificios administrativos del Pentágono. Si las luces eran muchos significaba que el ataque era inminente. Como los ascensos se conseguían en el KGB contando lo que los jefes querían escuchar pronto todo el KGB se volvió paranoico.
Por otra parte Estados Unidos había empezado una especie de guerra psicológica contra la Unión Soviética. 40 buques estadounidenses hicieron ejercicios navales en el Mar de Ojotsk. Los cazas estadounidenses volaron hacia el espacio aéreo estadounidense y se desviaron en el último minuto.
El 31 de agosto de 1983 un avión comercial de Korean Air Lines, en vuelo desde Nueva York a Seúl, se desvió 350 millas de su ruta y penetró sin enterarse en el espacio aéreo Soviético. Los militares enviaron un escuadrón de cazas, liderado por el comandante Osipovich. Incapaces de ver las marcas de la aviación civil en el fuselaje los rusos interceptaron en avión coreano a 35.000pies y lo derribaron. Murieron los 269 pasajeros, incluido el congresista estadounidense Larry Mac Donald.
Es entonces cuando Reagan ordena el ejercicio de guerra Able Archer, que consistía en una simulación de ataque de las potencias del Pacto de Varsovia contra la Europa capitalista con unas fuerzas convencionales superiores a las de la OTAN. Andropop se pasó la noche cerca del maletín nuclear pero no apretó el botón rojo. Y eso que estaba convencido de que un ataque de Estados Unidos o de uno de sus aliados comenzaría con la simulación de un falso juego de guerra táctica.
En realidad el KGB había recibido noticias de Rainer Rupp, un agente durmiente de la HVA, el servicio de Inteligencia Exterior de la RDA, infiltrado en las entrañas de la OTAN, donde informó de que Able Archer era un ejercicio táctico, nada más. El agente doble Gordievsky, un futuro desertor de la Unión Soviética, informó a John Scarlett, su contacto de M16, que Andropov y el Estado Mayor Soviético habían estado a punto de desencadenar el fin del mundo a causa de un ejercicio táctico rutinario.
Scarlett informó a Reagan cuando este ya se estaba preparando para su segundo mandato. Este decidió bajar el gasto militar antes de que fuera demasiado tarde y emplear una política de apaciguamiento con los rusos que terminó con la caída de la Unión Soviética en 1991.

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