Aunque nos parezca mentira España tenía los ingredientes en 1965 para construir una bomba atómica y entrar de este modo en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: minas de uranio y físicos de primer nivel. El Caudillo Francisco Franco acarició la idea espoleado por el general Agustín Muñoz Grandes y el almirante Carrero Blanco, que era más radical y ultra que el propio jefe de Estado.
En la actualidad solo hay nueve países con arsenal nuclear y España estuvo a punto de ser el décimo. La bomba atómica era necesaria para proteger los intereses colonialistas españoles en el Sahara español contra las apetencias de Marruecos. En 1958 Franco, acompañado de Carrero Blanco, inauguró unas modernas instalaciones en la Ciudad Universitaria de Madrid, financiadas por el programa estadounidense Átomos para la Paz.
Pero Carrero Blanco estaba obsesionado con lo que se podía hacer en un campo de batalla con armas atómicas y por ello encargó un estudio de viabilidad al físico Guillermo Velarde, que lo acató porque no tenía otra opción. Velarde bautizó el proyecto como Islero, como el toro que mató al diestro Manolete y presento el informe en 1965. Se trataba de un montón de fórmulas incomprensibles para el profano, con el objetivo de desanimar a Carrero Blanco.
Según este informe España poseía las segundas reservas mundiales de uranio pero enriquecerlo era una actividad carísima. Pero reciclando los residuos nucleares de las centrales atómicas españolas que todavía no se habían construido se podía fabricar un arsenal con 36 bombas de fisión do 20 kilotones... Otra posibilidad era fabricar una bomba de fusión termonuclear. Pero los secretos de la Bomba H estaban bien guardados por el Gobierno de los Estado Unidos.
En 1966 un bombardero B-52 colisiona con un avión cisterna el pleno vuelo sobre el pueblecito andaluz de Palomares. Todos recuerdan al ministro de Turismo, el gallego Manuel Fraga Iribarne, bañándose en la playa para no espantar a los turistas, pero nadie recuerda las andanzas de los hombres de Velarde en la zona. Descubrieron una piedras negras que formaban parte del mecanismo de explosión que Velarde pudo reconstruir. El plutonio lo proporcionaba Francia donde De Gaulle quería librarse de la tutela estadounidense en plena Guerra Fría. Para 1972 España ya podría tener su propia bomba atómica.
Pero resulta que Franco es un superviviente nato y sabe que su régimen no puede sobrevivir como estado no alineado con uno de los bloques hegemónicos de la Guerra Fría, en un clima de sanciones internacionales. Se ha gastado 60.000 millones de pesetas cuando frena el proyecto Islero. Pero España no firma el Tratado de No Proliferación Nuclear de 1968. Los espías estadounidenses empiezan a mover fichas para controlar el gobierno español, al que comparan con el inestable gobierno del sha de Irán.
España desempolva el proyecto Islero tan pronto como la tromboflebitis del dictador amenaza con llevárselo al otro mundo. El 19 de diciembre de 1973 el diplomático Kissinger se entrevista con el almirante Carrero Blanco, nuevo hombre fuerte de la dictadura y posible sucesor de Franco, para comunicarle el malestar de la Casa Blanca. Al día siguiente, 80 kilos de Goma 2 colocados en la calle Claudio Coello por el comando Txikia de ETA, dirigido por Argala, acaban con la vida de Carrero Blanco y sus escoltas. ETA reivindica el atentado pero que las cargas estuvieran a 400 metros en línea recta de la embajada estadounidense dan qué pensar.

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